Redescubrimiento del famoso y maravilloso Monte San Miguel

Como les anunciaba el domingo, esta semana empezaré a compartir con ustedes mis impresiones revisitando Francia, mi país natal. Este cuento comienza en el pueblo del Monte San Miguel que fue construido sobre el peñasco de una pequeña isla, rodeada por una fortaleza militar y separada de la costa noroeste de Francia por una magnífica bahía. El Monte y su abadía que culmina el promontorio, son unos de los lugares más turísticos de Francia después de la Torre Eiffel y del Palacio de Versalles. Cada año, los visitan 2.5 millones de personas, franceses en la mayoría pero también muchos asiáticos. Es el tipo de sitio que pierde su atracción porque lo visita mucha gente, pero en este caso, estuve agradablemente sorprendida.

Se me había olvidado por completo que era tan bello el Monte. ¡Qué vergüenza! Pero en mi defensa, la primera vez que lo visité era muy pequeña. Con imágenes de postales en mente, lo reconocí sin duda cuando llegamos al sitio por la autopista del Oeste, aunque se veía chiquito, una pirámide en el mar conectada con la tierra por una ruta que cruza la bahía. No les traje fotos de noche pero si chequen en google, verán también lo magnífico que se ve cuando está iluminado. Ahora, lo que cambia mucho la apariencia del pueblo son las mareas que ocurren dos veces al día y que son unas de las más importantes en Europa. El sitio web oficial del Monte les detalla los horarios para cada día del año. Pueden ver sobre mis fotos que a nosotros nos tocó la marea baja, cuando el peñasco está rodeado de arena. Pero si van en otro momento, podrán ver el agua subir y rodear la isla, ya que puede haber hasta 15 km de altura. Desde 1979 el Monte San Miguel y su bahía son patrimonio de la humanidad cultural y natural de la Unesco.

Cuando llegamos no había tanta gente como lo temía. Hay que precisar que fuimos en invierno y que este día estaba lloviendo un poco y estaba haciendo mucho viento. Pero dado que el Monte se encuentra a la frontera con Bretaña, una de nuestras más bellas regiones que también es conocida por su mal clima, no me extrañó tanto estas condiciones. Lo que sí aprovechamos es tener un poco de espacio dentro de las murallas, para poder visitar el lugar en un ambiente más relajado. Durante el verano pueden pasar hasta 20 000 personas al día en el Monte San Miguel, por si eligen esta época que también tiene sus ventajas ya que la región acoge playas muy bonitas.

Este día que fuimos, los guías turísticos organizaron una huelga en respuesta a un proyecto de ley que entre otras cosas prevee liberar su profesión a personas sin diploma de guías. Para sensibilizarnos en sus reclamos, nos ofrecieron un tour gratis y la verdad fue muy bueno y aprendí muchas cosas.

Según la leyenda el pueblo del Monte San Miguel nació en el 709, después que el obispo de la cercana ciudad de Avranches vio aparecer el arcángel San Miguel por tercera vez, el cual le pedía construir un oratorio sobre el promontorio. San Miguel es el jefe de la milicia celeste en la religión católica y es el mismo arcángel que vió Juana de Arco en su tiempo. Parece que el peñasco elegido ya tenía fama de ser sagrado cuando fundaron el pueblo ya que dicen que atraía antes a los sacerdotes galos llamados druidas.

Abajo verán fotos de la Iglesia Parroquial de San Pedro que fué la primera iglesia de los habitantes de la Montaña y cuya visita es gratis.

Después de la construcción de la abadía, el Monte San Miguel fué uno de los principales sitios de peregrinaje para los católicos. Pero después de la Revolución francesa de 1789 y de la disolución de la comunidad religiosa del pueblo, la abadía se volvió una cárcel hasta y eso 1863. La aguja de la abadía fue construida más tarde, en el 1897 y representa el arcángel San Miguel a 170 metros de altura. Hoy pueden atender misas durante el día en la iglesia abacial. Pero entrar como turista tiene un costo de 10 euros. Pueden evitar la cola comprando su tiquete en cualquier Fnac, estas tiendas que venden productos culturales y electrónicos. Aquí les dejo una selección de fotos de esta visita.

En estas fotos pueden ver que el Monte también es protegido por unas fortificaciones que ayudaron a que el pueblo resistiese a los ataques ingleses durante la Guerra de los Cien Años.

Hoy solo 22 habitantes residen dentro de las murallas, de los cuales 12 son personales religiosos.

El sitio ha estado cambiando mucho estos últimos años para luchar contra el enarenamiento de la bahía. Además, un gran proyecto se está aplicando para facilitar la acción de las mareas y de las corrientes fluviales. Ya no se puede ir con coches hasta el pueblo. Construyeron nuevos aparcamientos a más distancia del Monte de donde pueden alcanzar fácilmente un puente-pasarela que reemplaza la carretera y que pueden cruzar caminando o utilizando los buses gratis que circulan todo el día entre los aparcamientos y la entrada al sitio. La idea es que el Monte sigue embellezandose con agua alrededor mientras promueva el turismo verde. Si les interesa, encontrarán más información sobre el proyecto en la oficina de turismo que se encuentra en los aparcamientos.

Obras en el Mont Saint-Michel
Obras en el Mont Saint-Michel

Última nota de importancia sobre mis descubrimientos gastronómicos en el Monte. Antes de hacer el tour, yo pensaba que la marca La Mère Poulard era famosa por sus galletas, pues allá descubrí otra historia. Antes de llamarse Poulard, esta señorita era la asistente de un arquitecto y se quedó en el Monte para casarse con un panadero. Para alimentar a los peregrinos, cocinaba un plato típico a base de cordero pero como su preparación era muy larga también cocinaba tortillas que marcaron la gastronomía local. Los huevos eran batidos tanto tiempo que la tortilla tenia una textura que se derrite muy especial. Hoy pueden probarla en la terraza de un restaurante, que tiene mejor vista y precio que la tienda original de la Señora Poulard que queda a la entrada del pueblo (allá les costará mínimo 40 euros el plato). De manera general, descubrí que la tortilla es LA opción vegetariana en Bretaña ya que nunca comí tantos huevos. Pero excepto yo, todo el mundo devoró sus platos de mariscos en Cancale, un pueblo a media hora al Oeste del Monte, en Bretaña y que es famoso por sus ostras.

Con esta nota apetitosa, les anuncio que el domingo les llevaré a otros sitios de Normandía.

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