El regreso del Yogui

El Regreso del Yogui 2

Empecé a practicar yoga cuando tenía 21 años, en el momento que más lo necesitaba. Estaba en  esa transición de ser estudiante universitaria a ser profesional, cuando los años de alimentación universitaria estaban cobrándole a mi estómago y con otras situaciones personales que complicaban el panorama, pero que hicieron que mi práctica del yoga fuera tan fundamental en mis semanas. Cuando las cosas fueron mejorando y debido a que me mudé lejos del lugar donde entrenaba paré el yoga por cuatro años. Hasta que me mudé de mi natal Venezuela y retomé el yoga que tanto me gusta, por eso este artículo se llama “el regreso del yogui” (“the return of the yogui” para los nerds que entienden el chiste). Desde entonces he practicado yoga en Estados Unidos y Sri Lanka, dos países con diferentes perspectivas de esta anciana práctica. En este artículo les contaré las diferencias de la práctica del yoga en estos tres países y con que me quedo de cada una.

En Venezuela practicaba en el club de yoga de mi universidad (UCV). Allí enseñaban dos tipos de yoga: Yoga Clásico y Yoga Integral. Yo empecé directamente con el yoga integral, el cual tenía un calentamiento intenso, más rápido y el nivel de dificultad era mayor que el llamado clásico. En las clases de yoga integral recuerdo que en el salón había siempre mucha gente, la mayoría jóvenes en sus 20. Me gustaba del profesor como se tomaba unos minutos antes de empezar para leer pasajes de libros sobre el yoga, donde explicaban su filosofía. El profesor defendía que el yoga no eran esas dos horas que pasábamos ejercitándonos, que era más bien un estilo de vida, que debíamos practicar aun cuando salíamos de clases. Hay una frase que repetía siempre, que aun utilizo y repito en mi mente antes de cada práctica “Deja la añoranza por los eventos pasados y la ansiedad por lo eventos futuros”. Esa frase resume lo que es necesario hacer para practicar yoga y el secreto del yoga. Uno no puede practicar yoga si estás preocupado, pensando y pensando (o con monkey mind como dicen en inglés), las posiciones no te salen y si te salen no puedes mantener el equilibrio. Tienes que estar en tranquilidad y disfrutando del momento para poder hacer las posiciones y precisamente por eso es que el yoga relaja a las personas.

Éste profesor además insistía en que los mat se ubicaran en una manera especial y no uno al lado del otro en filas y columnas estrictas, no sólo para que no nos pegáramos unos con los otros, sino para que la energía fluyera a través del salón. También con los ojos cerrados nos hacía sentir la energía y calor de nuestras manos cuando lentamente las uníamos, que por lo que entiendo es una práctica de algunas artes marciales también. Las prácticas eran intensas, sudabas muchísimo tanto por las posiciones como por la cantidad de personas. Todos estábamos sumamente concentrados, tanto así que al lado había una práctica de artes marciales y cuando gritaban al ejecutar un ataque (el llamado khai en las artes marciales japoneses), en la clase de yoga nadie se desconcentraba. Igual pasaba con los sonidos de la universidad, carros, gente hablando y hasta protestas, nada interrumpía la clase.

Como les dije previamente aunque me encantaban estas clases, me mudé y cambié de trabajo y en una ciudad caótica como Caracas cruzar la ciudad en la hora de más tráfico es prácticamente imposible, lo que me hizo parar el yoga por 4 años.

yoga to the people, East Village NYC
yoga to the people, East Village NYC

Cuando lo retomé fue cuando estaba visitando a Amelie en Nueva York que fuimos al “Yoga to the People”, como ellas les contó en su artículo sobre East Village. En esa clase la profesora hablaba sobre aceptar tu cuerpo,  y practicar yoga por amor a ti y a tu cuerpo. Yo justo había empezado a practicar crossfit  y me sentía muy cómoda con mi cuerpo porque ya estaba cuidándolo. Lo que a Amelie y a mí nos parecía muy gracioso, es que la profesora decía que al exhalar hiciéramos un sonido de AHHHHHH, lo cual sonaba un poco raro y hasta sexual, nosotras muy maduras como niñas de 12 años lo que hacíamos era reírnos.  Este sitio me gustaba porque tiene un “mantra” o filosofía de retomar las raíces del yoga, que sea beneficiosa para las personas y no como un negocio. Que no importa que ropa uses, ni el ego del profesor, que en parte es una de las críticas que podría hacerle al yoga en Estados Unidos: el mercado lo ha tomado y lo han hecho una moda donde debes usar una ropa específica, de marca específica y bueno una clase de yoga puede costar hasta 30$ en algunos sitios, lo que me parece excesivo. Mientras que  en “Yoga to the People” trabaja por donación.

Luego de ese pequeño mordisco, saboreé lo bueno del yoga nuevamente y me propuse retomarlo seriamente. En Estados Unidos descubrí que hay mucho más tipos de yoga que el Yoga Clásico o Yoga Integral que había en Venezuela. Hay Power Viyansa Flow, Hot Yoga, Dharma Yoga, Gentle Yoga, Ashtanga Yoga y para usted de contar. Lo que sabía por las descripciones, que lo que me gustaba era Vinyasa, que era el que más se asemejaba al yoga Integral que practicaba en Venezuela.

 En Washington DC fui a Yoga District, que también es un centro de yoga de costos más razonables, donde puedes alquilar el mat y solo haces un drop in (ir al sitio sin tener que pagar una inscripción). Lo que me gustó del Yoga District, era como al final de la práctica el profesor te pedía agradecerles a las demás personas por compartir esa práctica con ellos y viéndolos a los ojos mientras le dices Namasté. Lo que en una sociedad como la americana, donde todo el mundo está concentrado en su trabajo y es difícil conectar con alguien, te obligaba a compartir un momento de intimidad con las personas que tuviste al lado por más de una hora y que no conoces. La gente se reía con un poco de vergüenza mientras te daba el namasté mirándote a los ojos. También recuerdo que en una clase que estábamos haciendo una posición un poco complicada, alguien se cayó: PUM!! sonó en todo el salón y el profesor muy calmadamente dijo “Está bien caerse, así uno se da cuenta que del suelo no vas a pasar y te quitas el miedo”, lo cual es muy cierto. El yoga es como la vida hay que seguir ciertas reglas de comportamiento, ciertos pasos para evitar lastimarte, pero al final tienes que atreverte a hacer eso que tanto te da miedo, porque si piensas en que puedes caerte no lo vas a lograr nunca, en resumen el que no arriesga no gana.

Para ese tiempo ya tenía dos meses practicando intensamente crossfit y aunque pareciera que una práctica es opuesta a la otra, me di cuenta que en realidad se complementan mucho. Levantando pesas en crossfit gané masa muscular que me ha ayudado a hacer unas posiciones de yoga donde tienes que ser lo suficientemente fuerte para cargar tu propio peso, como chaturanga que prácticamente tienes que bajar y hacer una flexión. También crossfit me ayudó a fortalecer mis piernas con las sentadillas, entonces puedo mantener posiciones por más largos periodos de tiempo. Por otro lado el Yoga y su necesidad de enfocarse en el aquí y en el ahora para lograr las posiciones, me ha ayudado a saber cómo concentrarme a la hora de levantar cierta cantidad de peso que nunca había levantado antes, a concentrarme en movimientos complicados como los pesos olímpicos y hasta ayudarme a hacer de mi respiración mi aliada, exhalando o inhalando como indicación que hay que hacer un movimiento distinto.

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Posición Chaturanga

Luego nos fuimos a California, donde practiqué en Yoga Santa Cruz. Allí comprobé algo que venía viendo desde Nueva York, en Estados Unidos no se vende mucho el yoga como una práctica espiritual ni como un estilo de vida. Es más vendido como un deporte  y es que hay gente que le gusta el yoga, pero no quieren comprar la filosofía espiritual que está en las mismas fundaciones del yoga, bien porque sean ateos o porque no los interesa. Y está bien, si el yoga te hace sentir bien con o sin espiritualidad, pues perfecto ese el objetivo último de la práctica. Aunque eso fue lo que percibí, en D.C. crearon un nuevo impuesto para los locales de ejercicios y los yogis alzaron su voz y protestaron, porque el yoga no era un deporte es un estilo de vida, aquí la noticia.

Ahora cuando venía a Sri Lanka estaba muy emocionada porque sentía que cada vez me estaba acercando más a la cuna del yoga. Y no estaba equivocada, aquí ofrecen retiros de yoga en playas, en las montañas, hay otros tipos de yoga como Hatha Yoga, Hatha Flow, Kundalini Yoga, Sivananda, Restorative Yoga, Yoga for Sports y mi preferido Vinyasa, la variación que práctico actualmente es Sattvic Vinyasa. Aquí no existe ninguna reserva en ofrecer la parte espiritual del yoga, se hacen dos meditaciones una previa la práctica para tranquilizar la mente y una al final de todo, mientras que en los otros países donde había practicado solo se hacía al final. En Colombo hay varios lugares para practicar, desde parques, las casas de los profesores hasta en el centro cultural indio. Sorpresivamente solo hay un centro especializado en yoga en toda la ciudad. Después de probar algunos, una amiga me llevó a una galería de arte donde ofrecen las clases de yoga, yo no lo podía creer cuando fui me pareció maravilloso, no sé cómo no se la ha ocurrido a otras personas. La Galería Saskia Fernando tiene blancas paredes y cuadros que van cambiando cada una o dos semanas. También dependiendo del montaje de las exposiciones, rotamos la sala donde hacemos yoga. Imagínense en una posición difícil que necesitas mantener la mirada fija a un punto para poder mantener el equilibrio, puedes sencillamente mirar una obra de arte y perderte dentro de ella mientras escuchas música suave oriental.

La profesora es simpática, a veces nos reímos a la mitad de la práctica y no porque hacen el AHHHH como en Nueva York. Si queremos un Hot Yoga, pues apagamos el aire acondicionado y la temperatura tropical de Sri Lanka hace su parte para hacerte sudar todas las toxinas. En la meditación hacemos ejercicios de respiración y en la del final de la clase la profesora nos pide colocar las manos juntas y acercarlas a la frente o tercer ojo y  nos recuerda ser gentiles y amables con nuestros pensamientos hacia nosotros mismo y hacia los demás. Luego bajamos las manos hasta nuestra boca y nos recuerda ser gentiles con nuestras palabras hacia los demás, lo que significa que también defiende el yoga como un estilo de vida, más allá de la clase.

Pronto les seguiré contando nuevas experiencias yoguistas en esta isla, la lagrima de la India.

11 thoughts on “El regreso del Yogui

  1. Muy lindo Rebe!! me encantó!! Yo hago power yoga aquí en Perú! =) aquí tiene sus particularidades también! pero sin duda es con gente cargada de buenas vibras incas!! un abrazo

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    1. Yo pienso que estás equivocada si piensas que no “quieren comprar la filosofía espiritual” en los Estados Unidos. Los yoguis de los EE.UU. me parecen mas “espirituales” que nadie. Y creo que la cuestion de “estilo de vida” o “deportes” en Washington era, al final, un argumento en contra del impuesto de ventas de 5,75% para “gimnasios, centros de entrenamiento y cualquier lugar ‘que tenga como propósito el ejercicio físico.'”

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      1. Lorenzo gracias por tu comentario! no dudo que en Estados Unidos hay yoguis muy espirituales y comprometidos con toda la filosofía del yoga, pero creo que no promocionan el yoga tan espiritualmente en la mayoría de los estudios, para respetar y atraer a las personas que no quieren practicar esa espiritualidad.

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    2. Valerie gracias por pasar por aquí! Me alegro que te haya gustado, pronto me tienes que contar sobre los detalles del Hot Yoga en Perú!! Sigue con la práctica, te mando un abrazo!!

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  2. Buen post, prima! yo hace como un año también me inicie en el hata yoga, Reiki y sus variantes, de manera un poco light, como una forma de darme balance y fortaleza mental, muy necesaria para el dia a dia.
    Y aunque me considero ateo, no niego los beneficios que conlleva su filosofia.

    FELICITACIONES por este valioso blog!

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