Beirut, 5 días llenos de sorpresas!

Vista de la Mezquita Mohamed al-Amin y de la Plaza del Reloj desde una calle en el Centro
Vista de la Mezquita Mohamed al-Amin y de la Plaza del Reloj desde una calle en el Centro

Por Inés Hernández

Mientras recordaba algunos momentos de mi maravilloso viaje al Líbano, me detuve a leer las entradas de este blog y entendí porqué surgió la idea de compartir mis experiencias por este medio, y es que una de mis pasiones al viajar, es conocer sobre las bondades y realidades de los lugares que visito, cómo vive su gente, sus costumbres y cultura, es así como desde hace seis años me encuentro en un desarrollo peregrino tratando de descubrir todos los rincones de este maravilloso mundo.

Medio Oriente siempre me ha atraído, quizás porque desde pequeña he estado en contacto con la cultura árabe, debido a su influencia en Venezuela producto de las grandes migraciones de libaneses, sirios, palestinos y marroquíes, que dejaron su huella con sus costumbres, bailes, religiones y en especial, con su comida. ¿Qué venezolano no ha disfrutado de un Shawarma, una ración de falafel o se ha degustado una crema de garbanzos o unos tabaquitos? Debo reconocer que quizá, siempre estuve más interesada en este tema que otros, por tanto me introduje un poco más en esta cultura. Una de las cosas más interesantes, es que los países del mundo árabe son tan similares y diversos como lo somos los Latinoamericanos entre sí, por lo que la cultura, comida, tradiciones e idioma varían un poco de país en país.

Las sorpresas en este viaje empezaron en la sala de espera del aeropuerto. Preparada para tomar el vuelo desde Roma a Beirut, recordaba comentarios sobre lo abierto que era el Líbano en comparación con otros países árabes, pero lo que no esperaba era encontrar en la sala de espera, libanesas que vistieran con vestidos pegados y cortos que de solo verlas me daba frío. En contraste, otras vestían tradicionalmente y se cubrían el cabello con el velo. Tenía un vuelo con muchas escalas y Beirut sería una de ellas, por lo que no revisé en que asiento me tocaba y justo antes de abordar me di cuenta que tenía el 28C. Cansada y con ganas de dormir, pensé que el vuelo estaba lleno y que me tocaría “en la cocina” como decimos los venezolanos. Una vez  que abordé el avión, descubrí que las filas empezaban por el número 30 y terminaban en el 1 por lo que estaba en la tercera fila, sabía que se leía y escribía al contrario de occidente pero ¿Numerar de atrás para delante? no me lo esperaba. Un lindo atardecer nos acompañó durante el vuelo, mientras nos acercábamos al destino se ponía la noche. Al anunciar que nos preparáramos para el aterrizaje, yo no entendía nada, no veía luces por la ventana, no había nada, todo estaba negro y me preguntaba ¿Dónde está el aeropuerto? Unos quince minutos más tarde apareció, ahí estaba con muchas luces una Ciudad lindísima, resulta que sobrevolábamos el mediterráneo y por eso no se veía nada hasta que allí de la nada como “un gran nacimiento” estaba Beirut.

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Los venezolanos necesitamos visa para entrar al Líbano, es un mero trámite que realizas al llegar pero toma algunos minutos, los cuales me sirvieron para maravillarme con el aspecto de las personas, y es que siempre he pensado -me disculpan los que no estén de acuerdo-, que los árabes hombres y mujeres poseen rasgos muy atractivos en especial los ojos, y bueno tal como lo pensé era así. Unos minutos más tarde una muy querida amiga me dio la bienvenida en su país y así empezó la aventura. Cinco noches en Beirut y mucho por descubrir.

El primer lugar que visité fue un café a la orilla del Raouché Rocks, las dos rocas que son parte del patrimonio natural del país, y que crean un paisaje mágico de admirar. Una zona con mucho movimiento, que posee diferentes restaurantes, edificios exclusivos y hoteles alrededor. Utilizando las cuatro frases que sabía en árabe, logré pedir un montón de aperitivos y disfruté de una excelente atención en una noche perfecta con la música libanesa de fondo fascinada por la costa de Rauché.

Al día siguiente: despertar en una nueva tierra, con la llamada para el Ṣalāt (la oración) y una señora de Bangladesh dándome los buenos días y preguntándome si quería té y si era musulmana, ni mi árabe era tan bueno ni ella hablaba inglés, pero este viaje también me enseñó que la comunicación es posible aún con lenguas tan diferentes.

Mi amiga me comentó que Beirut compartía muchas similitudes con Panamá (donde resido actualmente) y en mi primera salida sola lo comprobé, créanme que a menos que visiten ambos lugares no lo creerían, tal vez la cercanía al mar de ambas ayuda. Advertida de que los taxistas no me querían llevar a ningún lado, que no hablarían inglés y que me cobrarían más por ser “gringa” aunque no soy sino que parezco, decidí caminar. Para sorpresa de muchos Beirut es un lugar bastante seguro, por lo menos en estos tiempos, y con un Smartphone y google maps puedes recorrer algunas partes de la Ciudad sin problemas. Después de la guerra civil libanesa, con altos y bajos, ataques, conflictos en sus fronteras y muchos refugiados, el Gobierno ha logrado la restauración de muchas áreas de la Ciudad, en especial del centro histórico, uno de los lugares más agradables para caminar, con un toque parisino y un sinnúmero de tiendas de gran renombre, este hermoso lugar abriga hermosas mezquitas e iglesias de manera equitativa, una al lado o enfrente de la otra, también sinagogas, todo esto como símbolo de la tolerancia religiosa en el lugar. La mezquita Mohamed al-Amin fue inaugurada en el 2008 y se dice que fue inspirada en la Mezquita Sultán Ahmed de Estambul siendo ambas conocidas como la Mezquita Azul. Desde muchos puntos del centro de la Ciudad se puede apreciar su magnificencia, y es que esta majestuosa estructura es tan imponente por fuera como por dentro. La plaza del reloj, Nejmeh square o Place de l’Étoile es un ícono de la Ciudad, un lugar muy especial, que abriga el parlamento libanés, dos catedrales, ruinas romanas, museos y un sin número de restaurantes y cafés.

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La influencia francesa se nota en toda la Ciudad, en la lengua, en la comida, se pueden encontrar crepes en todos lados y algo que había escuchado alguna vez, es que las cafeterías abren hasta tarde y es que, la gente se reúne de noche a tomar café, fumar narguile y charlar hasta muy tarde, por lo que me da la impresión que a los árabes les gusta la vida nocturna en general.

Como les contaba, este increíble lugar para caminar de día, es de noche una referencia para la vida nocturna, con su calle “Uruguay” – tal cual como en Ciudad de Panamá; llena de pubs donde los libaneses se reúnen para tomar algo, hablar, fumar y escuchar música, un lugar bastante concurrido y movido, mucho más de lo que me esperaba un jueves.

En todo este contraste, entre la vida antigua y la vida moderna y lujosa que simboliza a esta cultura, me di una vuelta por el Museo Nacional de Arqueología de Beirut, un lugar que fue destruido durante la guerra civil y aún conserva muestra de sus estragos. Una colección bastante interesante con piezas que datan de la prehistoria, mosaicos hermosos, imágenes de deidades y piezas de las diferentes civilizaciones que habitaron esas tierras; un video dedicado a la reconstrucción del museo, presentado en una pequeña sala permite entender los destrozos de la guerra, y la labor y dedicación de las personas que participaron en esta obra de reconstrucción, en especial de Maurice Chehab, quien decidió colocar la colección entre muros de concreto para resguardarla de los bombardeos.

Una mañana decidí caminar por las áreas cercanas a Mar Elías, zona en la que me estaba quedando y allí buscando Baklava (típico dulce  árabe) conocí a Mohammed, el dueño de una de las tiendas que ofertaban el mejor Baklava del área. Me recomendó volver al día siguiente muy temprano para probar uno muy especial que venía acompañado con queso, el cual según él me iba a encantar. Por supuesto que regresé y me encantó! Aunque ese día estaba su hermano, lo poco que logré explicarle dio para que me vendiera el especial y le colocara mucho pistacho! Jajajaj. En general la gente es muy amable, se maravillaban al saber que era venezolana, más bien que venía de tan lejos y bueno muchos me  explicaron lo difícil que era la vida en Líbano debido a los problemas de electricidad y de agua, y en especial al costo de la vida.

Una tarde decidí volver al Rauché y caminé hacia la bahía de San Jorge, el cielo se tornaba rosado y yo no paraba de tomar fotos, porque el contraste entre cielo y el mediterráneo con los peces saltando era increíble. Es un lugar lleno de energía, personas haciendo ejercicio, otras caminando en familia, un sinfin de restaurantes, tiendas y cafés. Como hacía un poco de frío entré a tomarme un café, solicité que por favor me atendieran en inglés, y un señor muy amablemente me indicó que su compañero lo haría y entre las preguntas regulares de por qué visitas nuestro país, por cuánto tiempo estás y de dónde eres, empecé a escuchar unos gritos en árabe y de repente estaba rodeada por todos los empleados de la tienda, desde la cocina salía un chico que me dijo: “Hola”, a lo que contesté inmediatamente: “entonces tu eres venezolano también”, pues sí más bien Maracucho (o Marabino, que quiere decir que viene del estado Zulia en Venezuela). Omar, venezolano de familia siria hace siete años que vive bastante contento en Beirut.

Esa noche, asistí a una presentación de una coral de niños sirios y palestinos refugiados organizada por una ONG llamada Basmeh-Zeitooneh, fue una experiencia increíble. Los niños súper entusiasmados cantando y mostrando lo que aprenden en los talleres que organiza esta ONG. Dos horas de canciones en árabe y en inglés, un sinnúmero de niños y madres orgullosas de sus hijos crearon un ambiente estupendo esa noche, mercados de artesanías para vender piezas hechas en los talleres completaron el evento. Esa noche también me di cuenta que hace mucho tiempo que no veía a tantas personas fumar, en especial desde que las leyes anti-tabaco se implementaron en Latinoamérica, pero no es solo narguile, el cigarrillo es más popular de lo que hubiese imaginado.

En esa penúltima noche en Beirut, decidimos visitar el lugar de la fiesta. Gemmayzeh es una calle muy pero muy larga con tantos bares que no lo podía creer. El reggaetón sonaba y el chico de la barra nos ofrecía tragos gratis y yo pensaba: ¿En dónde estoy? El nombre del bar no lo recuerdo, pero cuando entré sonaba una de mis canciones árabes preferidas (1, 2, 3 Soleils -1, 2, 3 Suns), luego visité tres o cuatro más y todos me gustaron, ya había escuchado de la vida nocturna de Beirut pero la verdad no tenía ni idea que era tan viva, un par de irlandeses (conocidos por ser súper rumberos) que conocí esa noche me lo confirmaron. Beirut es también un lugar para el estudio, la Ciudad posee Universidades de gran renombre lo que hace que su vida nocturna sea muy viva, con fiestas hasta el amanecer. La fiesta está dentro de los lugares y fuera, muchas personas caminan buscando el sitio para disfrutar. Era noviembre y el clima era delicioso, creo que nunca lo mencioné pero el clima es una de las bondades de Beirut, de repente en la calle un taxi navideño pasaba, me causó mucha gracia porque parecía un trineo con ruedas. Beirut me pareció una Ciudad con mucho contraste y con mucha vida, personas muy agradables y hospitalarias, sin duda regresaría.

Hola soy Inés, no me gusta mucho esto de describirme, me gusta más escuchar cuando las personas me describen, ¡me hace mucha gracia! A ver si esto sale bien. Una irreverente, impulsiva, explosiva, espontánea y divertida venezolana que disfruta de la vida, de sonreír – hasta en los momentos incómodos, visitar nuevos lugares, recorrer el mundo, bailar, descubrir sabores y especialmente, compartir con buenos amigos. Me gradué en Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas con el fin de obtener una visión más amplia de la realidad internacional, buscando generar el debate y plantear soluciones. Más tarde, realicé estudios en Gestión de Proyecto en el IBAT College en Dublín, que otorgó herramientas de gran valor profesional para la implementación de proyectos, y ahora me encuentro en Panamá terminando un Master en Negocios Marítimos porque “en el mar, la vida es más sabrosa”.

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