La danza de elefantes en Minneriya, Sri Lanka

La Danza de Elefantes

Mi historia con los elefantes asiáticos se remonta a mi niñez. En mi ciudad natal Maracay en Venezuela hay un zoológico donde había una elefanta asiática. Su espacio o jaula daba hacia la calle así que al pasar frente al zoológico siempre la veía. Recuerdo que la visitaba de niña y ella acercaba su trompa para buscar comida. Era cándida, tranquila y símbolo  de la ciudad. Se dice que llegó al Caribe como un regalo o adquisición de un dictador de principios de Siglo XX que gobernaba Venezuela desde Maracay y no desde la capital Caracas.  Más que en circos, mi recuerdo de los elefantes era en este zoológico y el poema del nicaragüense Rubén Darío “Margarita” del que ya les hablé en un artículo anterior.

Mis experiencias con los elefantes en Sri Lanka había tenido sus altos y bajos, no por lo elefantes en sí, que me parecen unos animales hermosos, inteligentes, cándidos, sabios y empáticos. Sino más bien por la experiencia con los humanos y cómo los trataban, empezando en fondo de la decepción con el Colombo Perahera, mejorando con la visita al Parque Nacional Yala, bajando un poquito con la visita de los elefantes en los templos y llegando a la cúspide con la visita al Parque Nacional Minneriya, de verdad no creo que se ponga mejor que esto, en cuanto a elefantes asiáticos. A lo mejor mi visita al Parque Minneriya pueda ser solo superado por un safari en África, tal vez.

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El Parque Nacional Minneriya queda al Noreste del país y cuenta con uno de los eventos mágicos de la naturaleza conocido como la Reunión de Elefantes. Durante la sequía (de julio a septiembre) los elefantes se mueven a una pequeña zona donde tienen agua y una planta que les gusta. Yo escuchaba que se veían cientos de elefantes hasta 200. Si hubiera podido ver mi cara cada vez que escuchaba eso aseguraría que la ilusión de poder presenciar esto hacía que mis ojos formaran corazones. Así que moría por ir. Como el Parque queda dentro del Triángulo Cultural aprovechamos el viaje para ver también Sigiriya y las cuevas de Dambulla (que ya les conté). Habíamos contactado a un conductor con una camioneta 4×4 especial para Safaris y fuimos. El parque es inmenso y con espacios abiertos. A diferencia del Parque Nacional Yala, aquí vienes sobre todo a ver los elefantes. En el intermedio puedes ver búfalos de agua y aves, pero el objetivo único es ver a los elefantes. Después de unos minutos de adentrarse en el parque empiezas a verlos. La primera manada que vimos tenía alrededor de 25 elefantas incluyendo bebés. Yo sencillamente no podía creer la hermosura de ver estos animales, tan grandes imponentes y pacíficos. Con sus ojos tiernos y audaces. Sus movimientos son lentos, casi sincronizados los unos con los otros. Al verlos largo rato sus movimientos son relajantes. Mi asombro y dicha no dejaba de crecer, al sentirme totalmente agradecida de tener la oportunidad de ver estos animales tan cerca, libres, bellos, sanos y felices, como debe ser. Ningún acto de circo, ni el zoológico más humano del mundo puede asemejar la plenitud deber estos animales libres, nada el mundo se puede comparar a esto.

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Bebés elefantes

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Estando ahí y hablando con nuestro chófer aprendí que los elefantes están organizados en una sociedad matriarcal. Las mujeres son las que andan en manada, juntas y cuidando de los bebés. Los machos vienen para procrearse y se van, manteniendo una vida solitaria. Las hembras por el contrario se quedan juntas apoyándose en la crianza de las bebes. Las elefantas mayores tienen más rango en esta sociedad. También noté que a pesar de lo cerca que estábamos y lo tranquilas que se veían las elefantas, había un lenguaje inaudible que se desarrollaba ante mis ojos. Nosotros llegamos en el carro y apagamos el motor y nos quedamos ahí un rato observando. Cuando llegaron otros carros vi como sutilmente y casi imperceptiblemente las elefantas movían al más pequeño de la manada entre las piernas de, posiblemente, la hembra mayor y formaban un círculo alrededor de ella.  Cuando se apagaban los motores y ellas sentían que la situación estaba bajo su control, se relajaban un poco, el bebé salía de las piernas y el círculo alrededor se abría. Fue impresionante percibir esta comunicación que tenían sin un ruido perceptible por mi oído y cómo lo hacían con tanta sutileza y sin dejar de comer, que nosotros los humanos, casi ni lo notamos.

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IMG_7169Manada de elefantesIMG_7071IMG_7070

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Vean al bebé escondido entre la elefanta mas grande

Después de quedarnos un buen rato con esa manada nos fuimos a buscar la siguiente. Recorrer el parque es agradable, tiene menos polvo que Yala, menos seco y más verdor. Nos encontramos la segunda manada con alrededor la misma cantidad de elefantes, un elefante macho se acercó a ver que todo estaba bien o más bien que no hubiera ninguna elefanta en celo, y  al no encontrar lo que buscaba por la misma se fue. Los machos tienden a ser agresivos y por eso los locales son más cuidadosos si ven a un elefante macho. Si por mi fuera me hubiera quedado todo el día ahí, hasta que el último rayo de luz iluminara el parque. Pero bueno, al chofer le pagábamos por horario y entiendo que a no todo el mundo le plazca pasar horas y horas observando elefantes. A mí me encantó, fue una experiencia única y de mis preferidas en Sri Lanka hasta ahora.  Me hizo reflexionar sobre el egoísmo de nosotros los humanos, que no podemos admirar y observar sin tocar, que no podemos admirar a un animal hermoso desde lejos siempre que esté en hábitat, que preferimos un animal triste en cautiverio, esclavizado o drogado con tal de tocarlo. Es como amar sin libertad, no amamos sino poseemos. Por eso vamos (aunque yo no haya ido nunca) a esos “Santuarios” de Tigres en Tailandia o al mismo Orfanato de Elefantes en Sri Lanka. Para vivir la belleza desde más cerca, para poseerla por unos instantes. Yo no niego que me hubiera fascinado tocar a estos elefantes, acariciarles la trompa, abrazar al elefante bebé, llevármelo a mi casa para recordar cada escena de la película Dumbo. Pero no se puede, porque esa felicidad momentánea que me puede traer, le trae dolor de alguna forma al animal y no es justo. Además les digo el hecho de verlos libres y plenos es más hermoso, es una satisfacción sin culpa, sin pena, es felicidad pura. Sé que los humanos y turistas estamos aprendiendo cada día a ser más respetuosos con los animales, eso me contenta mucho.

Elefanta amamantando
Elefanta amamantando

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Datos Útiles

Yo me quedé en Amaya Lake Hotel. Es poco caro pero es muy cómodo, ya que por esta zona es mejor quedarse en un hotel que ofrezca comidas. La zona no está muy desarrollada con comodidades para turistas. Nosotros llegamos manejando en carro y usando google maps, pero ojo siempre usa la ruta con calles/carreteras principales. Buscar vías alternas te puede llevar por caminos para motocicletas y no autos.

Para entrar al parque debes pagar 15USD por adulto y aparte al conductor del jeep (esto lo pueden negociar). Pueden recoger a un guía del parque en la entrada sin costo alguno. Normalmente se le da propina al guía. Cuatro horas es más o menos el tiempo para el tour y normalmente se realiza en la tarde.

En total ví alrededor de 50 elefantes. Preguntando a mis amigos que viven aquí ninguno ha visto los 200 elefantes que promocionan. Tal vez no hemos tenido suerte o tal vez hay menos elefantes ahora. Lo cierto es que maravilloso igual, 50 elefantes en su hábitat es bastante. Solo les informo para que sepan que hay una pequeña diferencia matemática.

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