Mi primera entrada a India: Chennai

Dioses Hinduismo Chennai Templo Shiva India
Dioses Hinduismo en el templo de Shiva en Chennai

Tenía años soñado ir a India, por su misticismo, por ser la tierra originaria del Yoga, del budismo, por tantas cosas. Cuando me enteré que iba a vivir tan cerca de este país cuando me mudé a Sri Lanka, pensé que iba a ir muchas veces. La verdad es que no fui tanta veces como soñé, pero fui y quiero volver. Mi entrada a la India fue la ciudad de Chennai o Madras como se le conoce, capital del estado Tamil Nadu al sur del país y esta fue mi experiencia.

Llegué justo para el cumpleaños del Dios Ganesha (el que tiene cabeza de elefante) el 07 de septiembre. Era ya de tarde casi de noche y camino al hotel pude ver comparsas y peregrinajes de gente paseando las estatuas de Ganesha por las calles o ya llevándolas dentro del templo, con guirnaldas de flores blancas. Mi primer pensamiento fue: quiero bajarme y tomar fotos, pero me di cuenta que  en las comparsas eran todos hombres y tal vez no era lo más prudente, además mi novio me esperaba en el hotel, así que seguí mi camino. Desde el taxi todo me pareció más o menos parecido a Sri Lanka, había más gente en la calle sí, había autopistas y elevados, la ciudad más modernizada y más grande pero todavía parecido. Internamente sentía que estaba sentada en un pedestal de superioridad porque pensé que por haber escuchado tanto sobre India y por haber vivido en Sri Lanka donde también hay tamiles y es parte del subcontinente,  el famoso choque cultural que todos tienen cuando llegan a India, esa impresión tan grande que te puede hacer amarla u odiarla a primera vista, no me no me iba a pasar. Llegué al hotel, comimos algo cerca del mismo y me fui a dormir temprano porque al día siguiente me esperaba una gran aventura: iba finalmente a descubrir India yo sola y además iba de compras en el imperio de las telas de colores, tenía que guardar mi energía.

Al día siguiente con mis pilas bien puestas y toda la emoción y energía del mundo me lancé a la calle, sin bajarme del pedestal de superioridad en el que me monté yo misma. Recordé las lecciones que había aprendido en Sri Lanka para pasear en tuk tuk y las apliqué como pude. Primero que todo negociar,  cualquier precio que me daban les decía la mitad, me decían que no pero me bajaban el precio y me montaba. Segunda lección saber que nunca vas tan lejos como pare que el paseo sea más de 10 USD en total. La tercera lección es saber a dónde vas, pero en este no sabía. Tenía las direcciones escritas o los nombres de los centros comerciales que quería ir, nada de Google Maps. La primera sorpresa fue que los conductores de India quieren llevarte rápido y hacer dinero rápido, nada de muchas vueltas y lo mejor de todo: todos sabían a donde iban exactamente. No era que iba comparando, pero les digo que la puntuación para este momento era India 1-Sri Lanka 0. En general la gente me pareció dulce como los esrilanqueses pero menos inocentes. En India la gente conoce el poder del dinero mucho más que en Sri Lanka, buscan más intensamente hacer negocios, por eso el servicio puede ser mejor en India que en Sri Lanka.

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Los centros comerciales a los que fui fueron Express Avenue y otro mucho más sencillo por el área Pondy Bazaar. Las compras me tomaron todo el día y si se preguntan por si todavía sentía que estaba en un altar de superioridad porque creía que no iba a tener choque cultural mi primera vez en India, pues créanme cuando les digo que pocas veces he estado tan equivocada. Mi primer día en India fue como para muchos: ABRUMADOR!!! La cantidad de gente en la calle es impresionante, la cantidad de carros, el tráfico, el ruido en general, sobre todo las cornetas que no son toques largos y continuos sino cortos pero constantes y claro cómo se podían imaginar: las vacas en la calle. Sin embargo lo que nadie me dijo es que además de vacas había un monton de cabras en la calle, sumándose al caos citadino. Una imagen que tengo grabada en mi cabeza que define mi primer día es: una cabra montada en un muro, arrancando un poster político de papel que estaba pegado al mismo, esa es una de las caras de India. En cuanto a la basura de verdad no me impresionó tanto, lamentablemente debo admitir que en algunas áreas de Caracas puede ser peor. También la cantidad de olores en la calle le añadió más información a mis sentidos, que entre los ruidos y los colores ya estaban sobresaturados. Especias, basura, orine, residuos fecales de animales, coco y el mágico olor de las flores de jazmín que las mujeres se colocan en el cabello, todo se combinaba en el remolino de sensaciones. Como dije anteriormente la gente busca más hacer negocios y te pueden atormentar, como me pasó a mí en una de las tiendas que fui cuando iba a pagar. La cajera me ofreció abrirme una cuenta de comprador frecuente, le dije que no, insistió porque daban ofertas y descuentos, le dije que no porque no vivía en India, volvió a insistir porque no se vencía y la podía usar cuando volviera, le volví a decir que no, insistió que no costaba nada…  Hicimos esto por un rato hasta que yo agotada, estaba lista para no comprar nada porque no quería la bendita suscripción y solo quería irme al hotel. Solo así llamó al supervisor, el cual me insistió una vez más, le dije que no una vez más y me dejo pagar. Llegué al hotel en la noche, con tierra bajo mis uñas como cuando era niña y jugaba en el patio durante horas. Solo quería durar horas en la bañera en un baño caliente, sin hablar con nadie y en silencio. Sri Lanka no me preparó para esto, Caracas tampoco. Me bajé de mi pedestal de superioridad y entendí que nada ni nadie te prepara para India. Y está bien, ese choque cultural es necesario, es útil para el ego, es bueno para nuestras mentes occidentales, para practicar la compasión, la paciencia y entender mejor el mundo. Y repito lo que una amiga que odió India me dijo: “todo el mundo debe ir a India”, yo que la amé pienso lo mismo, así la odies o la ames es la misma conclusión: tienes que ir y vivirla.

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Al día siguiente después de una buena noche de descanso, después de haber internalizado el primer choque y aceptar India como es realmente y con humildad, salí de nuevo a la calle. Nos fuimos con un tour por la ciudad, pero no fue que me monté en un bus como una viejita, sino que nos fuimos en un tour caminando. La compañía es un emprendimiento local llamado: Story Trails. Chennai es una ciudad grande, la cuarta más grande  en India y este país es muy diverso como saben, pasan cosas en la calle que poco hacen sentido para ti como mi historia con la cabra, entonces tener a alguien al lado que te cuente y explique cosas me pareció muy útil y realmente lo recomendaría. Hice el Peacock Trail (sendero Pavo Real). Entramos a un templo de Shiva, a la casa de un Brahman (sacerdotes y la casta más alta en India) y fuimos a comer Dosai, un plato del sur de India que me encanta, es una panqueca (o crepa) grande rellena de vegetales que sirven con diferentes chutneys y salsas. Me encantó tener ese vistazo directo a la práctica del Hinduismo dentro del templo, que por ser la religión más antigua del mundo aún en práctica es muy compleja, llena de reglas y supersticiones. De hecho, lo que se práctica hoy en día es básicamente un hinduismo simplificado. Me encantó ver la devoción de las personas, como se pintan sus caras para mostrar la devoción a un Dios especifico, los devotos al Dios Vishnu se colocan la marca o Tilaka de forma vertical en la frente, mientras que los seguidores del Dios Shiva (que por cierto se cree que es el Dios que dio el yoga a la humanos) se colocan tres líneas horizontales en su frente. Aprendí que puedes honrar a las vacas que tienen en el templo, limpiándolas o dándoles de comer y que las vacas que están por la calle ya han cumplido su vida útil y como no las pueden matar porque son sagradas, las sueltan en la ciudad.

También fuimos a la Basílica de Santo Tomás, donde estuvieron alguna vez los restos de San Tomás el discípulo de Jesús que se fue a India a predicar. Vi un momento la misa y fue increíble notar como el padre llevaba la misa leyendo en inglés pero con la misma melodía que se llevan las misas en latín o en español. Fue increíble ver la iglesia tan llena de indios devotos. Pero lo mejor de esta visita fue ver una estatua de la Virgen María vistiendo un Sari, ver como el catolicismo aunque el mismo en todo el mundo,  sus devotos se apropian de los simbolismos, como parte del sincretismo cultural, resultando en una virgen un poco más morena vestida con un Sari, sencillamente hermoso.

Mi segundo día en India, culmino mejor que el primero. Estaba feliz, satisfecha de estar ahí, de ver la diversidad de la India en sus colores, olores, sonidos, en su gente, porque puedes ver Indios con ojos azules o verdes, Indios muy blancos, Indios morenos, Indios que te sonríen, que te dejan tomarle fotos, los otros que te dicen que no, los que te piden dinero, algunos muy generosos como el señor que vendía flores pero que me regaló una aunque no le compré o la chica que trabajaba en la joyería que cuando me di cuenta que boté una de las bolsas con las cosas que había comprado fue conmigo recorriendo el centro comercial buscándola mientras conversaba conmigo porque quería saber más sobre mí, están los que te observan y los que llevan su día normalmente sin que tu presencia les perturbe o les llame la atención. Me encantó India, con sus dificultades, con su belleza tan imponente que te da un cachetazo en la cara para que la comprendas, para la que tomes toda inmediatamente.

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Datos útiles

Fui a tres lugares dos tiendas conocidas: Fab India y Westside, ambas venden ropa y artículos para el hogar. Puras bellezas y aunque no pude comprar todo porque por más bellas que me parecieron las cosas, sabía que no iba a usar un Salwar (un tipo de vestimenta femenina que consiste en una blusa larga, que ante nuestros ojos occidentales es un vestido prácticamente, con pantalones y una bufanda) o un Sari. Estas tiendas las puedes encontrar en casi cualquier centro comercial.

La Basilica de Santo Tomás queda en: 38, Santhome High Rd, Basha Garden, Mylapore, Chennai, Tamil Nadu 600004, India

El centro comercial Express Avenue en:

No. 2, Club House Road, Royapettah, Chennai, Tamil Nadu 600002, India

Para comer no recomiendo nada que vendan en la calle, fue el consejo que me dieron y lo seguí y no me enfermé. Y la verdad es que la comida callejera no provoca tanto, porque no se ve nada limpia. Para comer arroz Biriyiani (un arroz con especias y carne de cordero) fui a una cadena local llamada: Dindigul Thalappakatti Restaurant. Cuando estén en un restaurant no se pierdan los Dosai típicos de la zona y el Café del Sur De La India (South Indian Coffee) también típico de la zona que es un café con leche que van mezclando de un vaso a otro, entre largas distancias y que solo un experto puede hacer sin derramarlo a fin de llenarlo de aire y que se vuelva espumoso.

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