Caracas y su ciudad universitaria

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De mi visita a Venezuela hace casi un año, dejé un artículo pendiente porque no encontraba las fotos del viaje,  pero al fin las encontré y puedo contarles mi historia! Quería hablarles del único LUGAR que hizo mi corazón saltar de emoción, amor, nostalgia, orgullo y tristeza a la vez. Y no fue mi encuentro con el Mar Caribe que siempre me saca una sonrisa en el alma, no fue ver la montaña del Ávila que decora Caracas con diferentes tonalidades de verde, marrón y hasta azul dependiendo de la hora del día y tampoco fue el verdor de mi ciudad natal Maracay, conocida como la Ciudad Jardín de Venezuela. Y no me malinterpreten, todos estos sitios me hicieron suspirar, porque me recibían en casa. Pero la que más emociones creo en mi fue la visita a la Ciudad Universitaria de Caracas (CUC), la sede de la Universidad Central de Venezuela (UCV) donde estudié mi pregrado, posgrado y obtuve mi primer trabajo profesional.

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Para mis lectores no venezolanos, les voy a explicar porque sentí todo esto y aunque casi cualquier persona puede sentir muchas emociones cuando visita su Campus Universitario, el caso de la Ciudad Universitaria de Caracas es especial. Empecemos por lo más obvio, este campus fue declarado Patrimonio de la Humanidad en  el año 2000 por la Unesco y su belleza la hace digna de visitar por lo que la incluyo en este blog, además de las emociones que me despertó cuando fui un día muy temprano en la mañana y una brisa fría y con esencia entre cemento y aroma de plantas  me recibieron nuevamente.

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Impresiones de Venezuela y la historia del iphone en el inodoro

Centro Simón Bolívar Caracas
Centro Simón Bolívar Caracas

Mis días en Venezuela pasaron volando entre cariños, sabores, olores y muchos “corre-corre”. Les prometo escribir un artículo sobre el único lugar al que regrese y mi respiración cambio su ritmo y se convirtió en suspiros continuos (pueden adivinar cual?). Mientras me recupero del jetlag que consume mis días y regreso a mi rutina de escritura, quiero compartirles un resumen de las cosas que noté al visitar mi país nuevamente después de un año y de muchas aventuras.
• Olvide que en Caracas hay que llevar una chaqueta/suéter si sales y sin importar a donde vayas, por los cambios de temperatura (En Sri Lanka esto, por supuesto, no pasa).
• Había olvidado la existencia de Ricardo Arjona (recordar su existencia fue un shock de mal gusto)
• Todos los billetes de la economía son nuevos, recién impresos, nada de billetes sucios, ni arrugados, ni viejos: que elegancia (son tan nuevos que te hacen cortaduras de papel en los dedos, en el bolsillo y en el corazón, pobre Bolívar).
• El venezolano, sospecho, que sufre de bipolaridad colectiva, te puede tratar con el más inmenso y cálido cariño o con la más colérica ira (será ese nuestro mal?).

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El largo camino de regreso a casa

“Este de Caracas”. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons –

Finalmente después de pasar un poco más de un año fuera de mi Venezuela, llegó el momento de regresar de visita. No puedo negar que estaba esperando el momento para poder vivir y revivir mis querencias de esas que solo se tienen (a pesar de todo) en casa. El momento llegó sin planear, porque al salir del país no tenía fecha ni boleto de regreso y este ha sido el periodo más largo que he estado fuera de mi país y sin ver a mis padres. Total que el camino fue largo, tanto físicamente como emocionalmente, les explicaré por qué.

Primero el camino físico. Saliendo desde Sri Lanka hasta Venezuela, se podrán imaginar que no hay muy buenas conexiones de vuelos, estamos hablando de dos países que no tienen abundante líneas aéreas nacionales y de por sí, son países sin muchas relaciones entre sí. Entonces me esperaba unas cuantas escalas cuando estaba buscando el vuelo. Yo tenía tres prioridades a la hora de buscar el ticket, primero buenas aerolíneas porque sabía que los vuelos serían largos,  que las horas de espero entre las escalas no fueran muy largas, porque seamos sinceros  matar tiempo en aeropuertos puede ser divertido por algunas horas, más de tres puede ser muy aburrido y caro, considerando los precios de cualquier cosa en aeropuertos. Y por último mi tercera prioridad por supuesto era el precio. Total que el boleto ganador después de muchas horas de búsqueda me llevó por tres continentes, seis aeropuertos, cinco aviones y prácticamente dos días de viaje. Pase del Sudeste Asiático al Golfo Pérsico, Europa, América del Norte, Centroamérica hasta llegar a Sudamérica. Estaba tan estresada de no aburrirme que empaque libros, descargue podcasts, juegos, mi cuaderno de sketch, mi música, todo lo posible para entretenerme. Realmente parece un viaje espantoso pero lo gracioso fue que no lo fue. Dormí muchísimo durante los vuelos, no digamos que perfectamente pero si dormí mucho, no tuve retrasos y hasta las maletas llegaron completas. Fue tanto lo que dormí que en cinco vuelos solo vi un total de dos películas, eso sí casi me termine un libro entero.

Luego llegar a casa emocionalmente, después de ver a mi familia donde la cercanía llegó rápido, vino el ambiente. Ver mi antiguo cuarto, mi antigua casa y mi antigua ciudad. Puedo decir sin miedo a equivocarme que los primeros seis días era como estar en un sueño lúcido (aunado a que tenia sueño de verdad por el cambio de horario) y era como cuando sueñas que estás en un lugar conocido, que sientes que es conocido, pero que en el fondo sabes que nunca has estado ahí. Como cuando sueñas con alguien que en tus sueños es alguien que conoces, pero que no tiene el mismo físico a la persona que dice ser. Era como que todo era igual pero a la vez todo ha cambiado.

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Bolivia desde Olympya (parte 3): Copacabana y el lago Titicaca

Esta es la tercera parte del relato de nuestra amiga Olympe. Encontrarán su primer artículo sobre el salar de Uyuni aquí y su segundo artículo sobre Potosí, Sucre y la Amazonia aquí.

“El 6 de diciembre

A unas horas en autobús de La Paz, llegamos a Copacabana, a la orilla del lago Titicaca.

Es una pequeña ciudad mística, donde se mezclan los agricultores de la región que vienen a vender sus verduras y los mochileros quienes llegaron a descubrir el famoso lago (el lago navegable más alto del mundo, cerca de 8.000 kms cuadrados y cerca de 4.000 metros de altitud).

Según la mitología Inca, el Dios creador había permitido el nacimiento del Dios del sol y de la  Diosa de la luna en el lago. La leyenda dice también que una parte del tesoro de los Incas está enterrado en el fondo del lago. La expedición del Capitán Cousteau para encontrar este tesoro por desgracia fue en vano. Sigue leyendo

Bolivia desde Olympya (parte 2) : Potosí, Sucre y la Amazonia

Por Olympe

Esta es la segunda parte del relato de nuestra amiga Olympe. Encontrarán el primer artículo sobre el salar de Uyuni aquí.

“El 26 de noviembre,

Después del desierto, seguimos el camino en bus.

Nos paramos algunos días en la ciudad minera de Potosí, cuyo centro histórico nos permite imaginar su antigua gloria. Damos un paseo por las calles: pequeñas casas de colores, balcones de hierro forjado, muchas iglesias barrocas, a la ciudad no le falta encanto y el ambiente nos gusta, porque es muy festivo. Los jóvenes hacen desfiles y bailan con trajes tradicionales; todas las generaciones están en las calles para asistir al evento.

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Bolivia desde Olympya (parte 1) : el desierto de sal de Uyuni

Por Olympe

Una amiga francesa de nuestra autora Amelie le aviso a final del año pasado, que se iba de viaje a América latina por 3 meses con su novio. Iban a aprovechar de un periodo de transición en sus vidas para viajar. Cuando le hablamos de publicar una parte de su relato en Desarrollo Peregrino, ella decidió hablar de Bolivia, el primer país que visitaron en este viaje. En sus palabras, “Bolivia es un país auténtico marcado por la cultura indígena con una diversidad geográfica y cultural fantástica.” Abajo son los emails que recibió Amelie mientras estaban en Uyuni. Se les tradujimos al español y esperamos ser fieles a la muy bonita escritura de Olympe. Las próximas semanas, publicaremos el resto del cuento.

“El 17 de noviembre,

El mareo se calmó gracias a las píldoras locales: Sorochi. En sólo dos horas me sentí mucho mejor, mi dolor de cabeza se fue y respiro normalmente!

Salimos de La Paz en bus para ir al sur.

Hicimos una primera parada en la ciudad minera de Oruro (que produce plata y estaño). Es una ciudad dormitorio sin encanto, con similitudes al Lejano Oeste. Los edificios son nuevos, pero parece que ya están en ruinas. Una nube de polvo de color naranja claro cubre la ciudad. Un solo plato se vende en todas partes en las calles: pollo con papas fritas. Para mí serán papas fritas nada más. Los turistas no parecen aventurarse aquí. Nos quedamos nada más una noche, ya que el día siguiente abordariamos el tren a Uyuni.

La ciudad de Uyuni está ubicada a la entrada del desierto de sal: el Salar de Uyuni. La ciudad en sí no es muy interesante ni por su arquitectura ni por su cultura, pero los mochileros que llegan de todas partes del mundo le dan un cierto encanto y un ambiente festivo. De hecho, es el principal punto de entrada para el famoso desierto donde nos vamos mañana por 3 días de viaje.

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Compras locales, capítulo uno: Budapest y La Paz

mercados locales capítulo unoAcuérdate de ir  al mercado principal si vas de visita a una ciudad visita, venden la mejor comida típica.-

Este fue el consejo que mi papá me dio un consejo cuando era más joven. Cuando dijo mercados principales se refería a los mercados de campesinos de las ciudades. Y aparte de que tienen la mejor comida típica, también puedes encontrar a veces opciones más baratas, perfecto cuando uno anda de turista. Recuerdo que era una práctica que hacia mi abuelo materno también, para comprar comida más fresca. Entonces empecé a practicarla, la primera ciudad en lo que lo hice fue en Budapest, Hungría  cuando fui en diciembre del 2010. Llegué al Mercado Central (Central Market Hall o Great Market Hall). Primero porque el mercado es muy antiguo tiene más de cien años, es muy bello y es un “must” de la ciudad. Recuerdo sus altos techos de metal que además me sirvieron de refugio de la nieve, era mi primer invierno en la vida así que como caribeña lo agradecí mucho. Ahí me comí un Gulash espectacular, éste es el plato típico húngaro por excelencia, es un estofado/guisado de carne con salsa roja y vegetales, estaba caliente y bien condimentado, la carne estaba muy suave casi se derretía en la boca.  El mercado hasta encontré souvenirs un poco más baratos que en el resto de la ciudad, así que aproveche de comprar regalos para mi regreso, sobre todo la especia Paprika.  Y también encontré casitas de pan de jengibre, como las  que te imaginas cuando escuchas la historia de Hansel y Gretel.

Con esta primera visita entendí que ir a estos mercados te da un buen input acerca de la ciudad y la cultura. Ves que compran los locales, conoces las frutas y vegetales de esa tierra, seguramente te encontrarás con alguna que no habías visto y/o probado nunca. Además puedes encontrar comida típica como hecha en casa y fresca; también puedes conocer si donde estás los campesinos tienen prácticas de comida orgánica por ejemplo. Es una degustación para todos los sentidos, les recomiendo ir con la glándula de la curiosidad activada  para mejor disfrute de la experiencia. Esta es la primera entrega de una serie de artículos referentes a las visitas que realice a los mercados locales.

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A la altura del Lago y Santa Cruz de la Sierra

A la altura del Lago santa cruz de la sierra

Continuando con mi viaje a Bolivia, cuando les conté sobre la Paz  les dije que era necesario llegar allá si quieren pasar por el lago Titicaca y por Copacabana, lo cual les recomiendo totalmente. Cuando fui estaba apenas empezando el invierno, aunque era un día hermoso y soleado. Fuimos en auto  porque teníamos la posibilidad aunque ninguno de los presentes había ido nunca. Nos encontramos que el camino para el lago Titicaca no está nada señalizado, nosotros casi llegamos a la frontera con Perú, viendo siempre el lago del lado derecho, pero sin poder acceder a él. Fue muy gracioso después de unas cuantas horas en el carro, observando el lago, esperando algún cruce o camino que nos permitiera llegar a la orilla y no lo encontrábamos. Llegó un momento en el que vimos colas de grandes camiones y no entendíamos porque estaban ahí, nos metimos en la cola también y preguntamos a que se debía la misma y un señor muy amablemente nos explicó que era para pasar por la frontera, porque aduana revisa los camiones. Entonces cuando le dijimos que queríamos ir a Copacabana por el estrecho de Tiquina y no a Perú, nos dijo que estábamos muy lejos, que teníamos que haber cruzado por el pueblo del Alto. Lo que quería decir que habíamos perdido aproximadamente hora y media del viaje y que si regresábamos iba a ser otra hora y media, más el tiempo hasta que nos tomara llegar a Copacabana.

Artículo relacionado “La Impasible Paz. Bolivia, Crónicas del Altiplano”

¿Qué hacer? ¿Tal vez improvisar un poco  y visitar el lago por el lado del Perú? Bueno yo era la única sin pasaporte así que esa opción la descartamos rápidamente luego de darme cuenta (lección: llevar siempre el pasaporte si vas a estar cercar de cualquier frontera por si acaso). O podíamos call it a day, como dicen los americanos, y ¿regresarnos a casa ya que habíamos perdido unas cuantas horas perdidos? O regresar e ir al lago asumiendo que nos iba a anochecer en el camino de regreso al final del día. Después de pensarlo, pasar el asombro/frustración hicimos lo mejor por el viaje y seguimos hacia el lago Titicaca. Así que si alquilan un carro es mejor llevar un mapa o las direcciones. Y cuando digo mapa: es un MAPA, impreso en físico, no cuenten mucho con google maps  u otro sistema de navegación porque no hay buena conexión.  Además lleven comida para el viaje, pueden ser tres horas desde La Paz (sin contar el tráfico para salir de la ciudad o si se pierden como en nuestro caso) y de verdad no hay restaurantes, ni estaciones de servicio en el camino.

Al final la pérdida que nos echamos valió la pena porque pudimos ver una formación de montañas nevadas hermosas.  Así como disfrutar del paisaje, donde la vegetación es árida, con el frió seco a todo su esplendor, me recordó a la vegetación del Calafate en la Patagonia Argentina. Además el camino es el escenario típico de cualquier “road trip” pocos carros, una carretera delgada y larga, sin muchas cosas más que la naturaleza a tu alrededor.

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