Safari, cataratas y el río Nilo: Parque Cascadas Murchison

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Hace por allá casi un año, decidí que era tiempo de aventurarme en mi segundo safari en África. Uno tiende a dilatar el conocer los sitios de donde uno vive porque se siente como si tuviera todo el tiempo del mundo. Pero yo sé por experiencia que dos o tres años pueden pasar volando y yo tenía otra urgencia, tenía siete meses de embarazada y pensaba que con el bebé la logística se complicaría y no podría conocer más de Uganda (La cosa no ha sido tan grave como me imaginé). Así que me embarqué en mi segundo safari africano, el destino: El Parque Nacional Cataratas de Murchinson en Uganda.

El viaje desde Kampala son aproximadamente cinco horas, lo hicimos en la mañana y llegamos con tiempo para un safari en la tarde. Este parque es uno de los favoritos de muchos aquí en Uganda, hay mucha más variedad de animales que en el Parque Nacional Lago Mburo, incluyendo elefantes y leones,  así que mis expectativas eran muy altas. Nos montamos en el carro especial para Safari con el dueño de la posada y arrancamos. Lo primero que me encantó fue la cantidad de antílopes que se podía apreciar. Decenas y decenas de antílopes, como el cobo y otros distintos a los que ya había visto como el oribí, muy chiquito y muy cuchi. Parecía una caricatura para niños con sus grandes ojos y cuerpito chiquito. El alcélafo o búbalo común,  que tiene una cara también caricaturesca, larga cara y ojos muy pequeños y pegados entre. En la llanura había pequeñas colinas y cuando llegamos al tope de una colinita pude ver a la lejanía unas jirafas,  se veían como un triángulo ambulante a la distancia, con ese caminar raro y único que tienen debido a que sus patas delanteras son más largas que las traseras. Al rato tuvimos el placer de ver varias manadas de elefantes, en un lugar con algunos árboles que no eran el distintivo árbol Acacia. No sé qué árbol era, pero debe parecerles delicioso a los elefantes,porque había varias manadas en esta zona. Las manadas eran como de 7 elefantes más o menos. En Sri Lanka ya había visto elefantes en su hábitat pero los elefantes asiáticos nada tienen que ver con los elefantes africanos. Éstos son gigantes, su piel es más oscura, es de un gris plomo, no tienen las manchas rosadas que algunos elefantes asiáticos tienen y los africanos tienen colmillos largos indistintamente si son hembras o machos. Nos pudimos acercar a una que estaban cerca de la calle, nosotros mantuvimos la distancia prudencial, pero había otro carro de Safari que se acercó muchísimo e hizo que uno de los elefantes le tocara la trompeta! Ja, ja, ja. No fue en realidad tan gracioso, se acercaron mucho y una de las elefantas (porque las manadas son por lo general son de hembras con las crías), le estaba reclamando su espacio, con su sonido barrito que parece de trompeta. Les estaba pidiendo que se alejaran. Los otros turistas pasaron algún tiempo ahí sacando fotos, hasta que el elefante parecía cada vez más molesto y se movieron.

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Ya estaba cayendo la tarde y nos paramos cerca del rio Nilo a ver si divisábamos algún hipopótamo, no lo vimos pero la tarde estaba hermosa. El cielo empezó a lucir sus matices rosados y purpuras y la hora dorada había empezado a aparecer. Yo me daba por satisfecha aunque no habíamos visto leones, además uno tiene que salir del parque a las siete. Cuando ya nos estábamos yendo vimos venir siete jirafas que se acercaban al rio a tomar agua. Paramos el carro y nos quedamos observándolas como poco a poco se acercaban. Con unas manchas muy oscuras, casi negras. El guía nos explicó que estas eran unas jirafas macho, de la especial y amenazada especie de jirafa Rothschild. Nosotros montados en el tope del carro y sobre los asientos, veíamos hacia arriba a las jirafas. Eran muy, muy altas. Fue hermosísimo estar ahí tan cercas de ellas, aunque no nos tenían miedo no nos perdían de vista, una a una fueron acercándose al auto y luego alejándose porque estábamos justo en su camino al agua. Luego de despertar del hechizante momento nos dirigíamos,  esta vez sí, a salir del parque porque se nos hacía muy tarde, cuando de repente nuestro guía/conductor recibió una llamada. Habían unas leonas al lado del camino muy cerca de donde estábamos.

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Jirafas en el río Nilo. Vean lo oscuras que son las manchas, esta es la jirafa Rothschild

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Sin pensarlo nos fuimos a ver a las leonas. Ver a los felinos siempre es un golpe de suerte porque son muy esquivos. Yo pensaba bueno ver una leona o dos sería maravilloso. Pero para mi sorpresa no eran una, ni dos, sino CUATRO leonas que estaban a muy pocos metros de distancia de los autos, a un lado del camino pavimentado. Estaban ahí relajándose, como un grupo de amigas charlando. Rodaban por la grama haciendo la “postura del bebé feliz” de yoga. Parecían no notarnos, hasta que mi esposo habló un poco duro para comunicarse con el carro que estaba atrás y pude ver como pasamos de ser invisibles a visibles para ellas en un segundo. La mirada casual y despreocupada se enfocó directamente en nosotros por el sonido de nuestras voces. Los ojos amarillos y salvajes nos enfocaron, como una cámara que busca su punto de enfoque, lo encuentra y lo pierde en un instante. Así como nos vieron nos dejaron de ver y siguieron con su cosa. Ese micro segundo tuvo gran impacto en mí, porque como les había contado de mi encuentro con el león en el Centro de Educación y Conservación de la Vida Silvestre de Entebbe, la mirada no inspira nada de confianza o amor, sentí un poco de miedo y respeto por los felinos. Me imagino que debe ser algo en nuestro cerebro réptil que no nos permite sentir mucha ternura o empatía por un felino tan grande. O debe ser el ambiente, ellos allí en plena libertad, en su hábitat, nosotros completamente desprotegidos en un carro descapotable, con medio cuerpo a la intemperie, sin armas, sin nada… Ellas tenían toda la ventaja. Pero obviamente, el susto es parte de la experiencia y de la belleza de la misma, te pone en perspectiva que los humanos en una batalla cuerpo a cuerpo, tenemos todas las de perder. Y está bien, porque nos devuelve la humildad, todos somos susceptibles a algo hasta nosotros los humanos que muchas veces nos creemos invencibles.Nos quedamos un buen rato con las leonas, tratamos de no hablar más, compartimos el silencio y los sonidos de la sabana con ellas. Una de ellas en un momento se movió al camino y se echó allí, bloqueando la calle. Otra decidió cruzar la calle e irse al otro lado, donde la maleza estaba más o menos a 20 centímetros de alto y la leona sencillamente desapareció ante nuestros ojos, si yo no hubiera sabido que estaba ahí, no la hubiera podido ver. Eso también me impresionó y asustó un poco, y entendí porque no está permitido bajarse del auto en estos parques.

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Otra vez nuestro guía/conductor fue el que nos despertó del hechizo, así como cuando uno está en la relajación final de una clase de yoga y la voz del profesor te llama o el sonido del gong suena, uno da un saltico y vuelve al mundo. Teníamos que regresar, ya era muy tarde casi las siete de la noche. Me despedí mentalmente de las leonas y nos fuimos. Pero el parque Murchison no estaba listo para despedirse de nosotros. En el camino cuando lo que podíamos observar era solo el horizonte crepuscular y las siluetas de los animales, vemos como de repente los animales escuchan algo que es imperceptible para nosotros y todos se paran en alerta y voltean al unísono hacia un lado del horizonte, todos excepto un alcélafo que no sabía lo que pasaba. Paramos por un momento, no vimos ni oímos nada, pero lo animales seguían viendo hacia el mismo sitio. Seguimos nuestro camino, cuando vemos que los antílopes se veían más atentos, con los largos cuellos estirados viendo hacia un sitio hasta el acéfalo estaba ahora volteado con todos los animales. Paramos de nuevo y a la distancia vimos la sombra de lo que tenía a  decenas de animales sobre sus puntillas: un león. Allí estaba el rey de la sabana muy a lo lejos pero con su poderosa presencia. Lo vimos, trate de memorizar cada detalle de la espectacular escena, la sabana, la delgada línea amarilla en el horizonte en contraste con la negrura de la noche que ya aparecía con pequeñas estrellas; la silueta de los árboles y la de los antílopes, con su patas y cuellos delgados, cuernos puntiagudos, aguantando la respiración, todos viendo en la lejanía a felino peludo que caminaba como si nada pasara… Pero nuestro guía/conductor apareció como el conejo blanco de “Alicia en el País de las Maravillas”, despertándonos del encanto y diciéndonos que íbamos tarde. Seguimos nuestro camino ahora si en la oscuridad plena, cuando casi chocamos con un búfalo de agua, que estaba sangrando en su muslo trasero, sangre roja y brillante como sus ojos al reflejarse con la luz del auto. El búfalo definitivamente había sido atacado, sobrevivió pero estaba aturdido y perdido. Después del frenazo, lo esquivamos con el carro y seguimos nuestro camino. Salimos del parque un poco después de las 8 de la noche. Los guardias conocían nuestro guía, éste les contó porque estábamos tarde y los guardias como buenos ugandeses se alegraron e impresionaron con las historias y la cosa no paso a mayores. Realmente no sé qué hubiera pasado si no estuviéramos con el guía, tal vez nos hubieran puesto una multa o algo, pero no fue así. Cabe destacar que quedarnos tan tarde en el parque fue solo posible porque nos quedamos en el banco norte del parque. El parque Murchison está dividido en dos por el rio Nilo y los animales están en la parte norte del parque. Muchos de los hoteles y posadas están en la parte sur  y es necesario tomar el ferry que tiene horarios fijos (para más información revisa la página del parque aquí). Quedarnos en la parte norte fue clave para poder disfrutar el parque hasta tan tarde sin tener que preocuparnos por tomar el ferry para llegar.

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Momento en el que todos los antílopes estaban viendo hacia el león menos el alcélafo que estaba perdido
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Ya aquí el alcélafo se dio cuenta que todos estaban viendo al león

Ese día de safari estuvo increíble, lo hice todo embarazada de casi siete meses. Esa noche me costó descansar y me dolía un poco la espalda, además estaba agotada porque pasé mucho calor, pero el camino del parque no es irregular ni con muchos baches. Obviamente también le pregunté a mi médico si podía ir y me dijo que sí, mi embarazo no tenía ninguna complicación. Lo único complicado es el calor en la sabana africana y las ganas de orinar. Que obviamente son dificultades que pasa cualquier mujer embarazada, pero en plena sabana africana es mejor tomar más precauciones, como no alejarse demasiado de la salida del parque por si tienes que usar el baño o ir en horas o temporadas que no sean muy calientes para que no te deshidrates. Al día siguiente salimos a hacer safari en nuestro carro y lo hicimos en la mañana, un poco tarde la verdad porque me pasó lo que les dije antes, hacía mucho calor y tome demasiada agua. Cuando uno está embarazada la temperatura corporal cambia, por la cantidad de sangre que está en el cuerpo y bueno por la complejidad que representa crear vida en tu cuerpo. Así que el segundo safari no lo disfruté mucho y la verdad el día anterior estuvo espectacular que para mí estuvo bien cortar el segundo día y hacer algo más relajado. Nos fuimos entonces en un ferri a pasear por el río Nilo y a ver las famosas cataratas de Murchison.

El nombre Murchinson fue dado en honor al presidente de la “Royal Geographical Society” Roderick Murchison para el momento del descubrimiento de las cataratas en 1864, por el explorador británico Samuel White Baker. El recorrido es bien relajado y refrescante muy diferente a un día de safari. Vimos Hipopótamos y cocodrilos, así como unas jirafas en la orilla. Yo me relajé tanto con el sonido del motor y el agua salpicando que hasta me dormí. El cielo estaba azul y el agua reflejaba la vegetación y las nubes. Todo muy relajante, nada de la adrenalina del día anterior.  Llegamos a las cascadas, algunas personas se bajaron para subirlas caminando. Nosotros nos quedamos en el barco y regresamos. De camino de regreso a Kampala al salir del parque nos encontramos con otra manada de elefantes que nos bloqueó el camino por un buen rato. Nos quedamos con ellos hasta que ya no pudimos más y tuvimos que dar una vuelta. Creo sin duda que este safari en Murchinson será uno de los mejores de mi vida.

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Encuentro del primer tipo, los animales africanos y nosotras

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El Centro de Educación y Conservación de la Vida Silvestre  queda en la ciudad de Entebbe, está ciudad pequeña queda muy cerca de la capital de Uganda: Kampala, aproximadamente a 40 KM. Pero en Uganda, como pasaba en Sri Lanka, a veces la distancia física nada tiene que ver con el tiempo que se toma llegar de un sitio a otro.  Viajar entre ambas ciudades puede tomar hasta 4 horas gracias al tráfico y la falta de infraestructura. Esperemos que esto mejore ya que justo este mes abrió una autopista que conecta Kampala con Entebbe donde está el aeropuerto internacional del país. Toda esta historia se las cuento porque una de las expectativas que tenía antes de venir para acá era hacer safaris cada mes al menos. Pero la realidad es que los Parques Nacionales quedan “lejos” de la ciudad, no en kilómetros sino en tiempo, sin mencionar los costos. Cuando me enteré que existía el Centro de Educación y Conservación de la Vida Silvestre de Uganda en Entebbe, pensé inmediatamente que era un zoológico con un nombre elegante y que no iba a invertir mi tiempo en ir a un zoológico cuando puedo ir a un Safari real aquí en Uganda. Pero el Centro es más que un zoológico. Su misión es como su nombre lo dice es investigar sobre la fauna en Uganda y sobre todo rescatar animales que han sido sacados de su hábitat y pretendían ser traficados. Hay algunos animales que rehabilitan y regresan a su hábitat y hay otros que se quedan ahí porque su retorno puede ser peligroso para ellos, como por ejemplo los rinocerontes blancos que lamentablemente no hay rinocerontes libres en toda Uganda.

Así que después de unas recomendaciones de amigos que habían ido y la necesidad de salir de la ciudad pero sin pasar tantas horas en el auto, nos animamos a ir al Centro de Educación y Conservación de la Vida Silvestre de Uganda, o UWEC por sus siglas en inglés. Allí hicimos el tour “Tras Vestidores” (o behind the scenes en inglés). En este tour te acompaña un guía y puedes ver de cerca e interactuar con los animales y es lo que más recomendaría hacer.

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Para empezar nos llevaron a ver los chitas (también conocidos como guepardos), así sin anestesia nos llevaron a la jaula con un felino que es nada más ni nada menos el animal más rápido del mundo. Al principio tenía mis reservas porque los animales salvajes son, pues salvajes y sabía de antemano que aquí no los drogaban para que pudiéramos interactuar con ellos sin peligro, porque evidentemente no hubiera ido si fuese así, pero en un abrir y cerrar de ojos estaba allí al lado un chita macho con mi barriguita jaja, tenía cinco meses de embarazo para ese entonces. Hay una hembra pero al parecer, las hembras puede ser más agresivas que los machos en el caso de los chitas. Lo más impresionante fue que solo agitaron la bolsa alimento para gatos para que el chita se acercara y vino a comer muy tranquilo como un gatico.  Me dieron un poco del alimento y lo alimenté y acaricié. Me encantó, yo amo a los gatos y para mí fue un honor poder acariciar este felino con su suave pelaje. La mano con la que lo acaricié quedo con un tintineo por un buen rato de sentir toda la energía de este animal.

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De ahí nos fuimos a ver los rinocerontes, el guía tomó un tobo y lo sonó como un tambor, llamó con un silbido a los animales y en la lejanía vimos como un rinoceronte gigante venia caminando rápidamente, imagino que eso es correr para él. Su nombre es Shirino y es muy grande, su aspecto es casi como un dinosaurio. Le dieron comida y el guía me dijo que le acariciara detrás de su oreja, que le gustaba mucho. Shirino disfrutó el cariño que le daba y para mi sorpresa, cerraba los ojos como un perrito cuando le acarician.  Acaricié sus orejas, su trompa y su cuerno, ese cuerno que los ha llevado prácticamente a la extinción porque los traficantes los matan por eso, por sus supuestas propiedades mágicas. Lo más triste es que el cuerno no es mágico, es el animal completo con su aspecto y gruesa piel de animal prehistórico que esconde un animal súper dulce dentro, ahí está la verdadera magia.

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Fijénse en los ojitos y la reacción de Shirino en este video:

Como si Shirino no me fuera suficiente, fuimos a conocer a Sushi el  pájaro pico-zapato (o shoebill por su nombre en inglés). Los picozapatos son unas aves muy grandes que viven en los pantanos de Uganda y son prehistóricos, su aspecto es como de una cigüeña de otra época. Llegamos y el guía dio un silbido y cuando vemos llegó volando un gran pájaro de casi un metro de largo, llamado Sushi. Los pico-zapatos son pájaros grandes, con plumas de color azulado casi llegando al color lavanda, su aspecto es un poco siniestro pero solo su aspecto, porque al menos Sushi es una dulzura. Hizo unos sonidos casi de aplausos con su gran pico y había que hacerle una reverencia antes de poder acariciarlo. Me recordó a los Hipogrifos de Harry Potter, a los que había que mostrarle respeto antes de acercárseles. Sushi agitaba su cabeza como diciendo no, hacia el sonido con su pico y se movía alrededor de nosotros como desfilando. Luego de hacerle la reverencia, me acerqué despacio y acaricie sus plumas ultra suaves. Nos quedamos con Sushi un rato admirando su gran pico y sus largas patas y luego nos despedimos. Nuevamente sentí como el corazón se me llenaba de amor hacia los animales y la naturaleza, al tener el lujo de compartir con estos animales tan exóticos, que resultaron ser dulces y amorosos.

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Chimpancés en el bosque de Kibale en Uganda

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Uganda es uno de los mejores lugares del mundo para ver primates en su hábitat, con trece diferentes  tipos de primates en el pais. Entre los más populares que puedes observar aquí están los Gorilas de Montaña, uno de los tres países en el mundo donde se pueden observar, y nuestros primos los Chimpancés.

Hay varios sitios en el país donde los puedes visitar en su hábitat, en Kyambura Gorge en el Parque Nacional Reina Elizabeth o en el bosque lluvioso de Kibale donde la población es más abundante. Nos decidimos por el bosque de Kibale porque hay más Chimpancés lo que se traduce en más oportunidades de verlos y porque Kibale queda mucho más cerca de Kampala que el Parque Nacional Reina Elizabeth.

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Las cascadas Sipi en Uganda

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Vista desde Sipi River Lodge

Uganda tiene mucha belleza natural, pero lo que más resalta son los parques nacionales para hacer Safaris u observar la fauna local, obviando otras zonas llenas de belleza. Por ejemplo los lagos de cráteres, la cordillera de los Ruenzori (esta cordillera es una de las pocas en África con glaciares, y tienen el Monte Stanley el tercero más alto del continente africano), los grandes lagos, el monte Elgon y las caídas Sipi. Nosotros después de nuestro primer safari nos quisimos ir a un lugar diferente y nos fuimos a la zona este de Uganda, a las faldas del Monte Elgon, un volcán inactivo que se encuentra en la frontera de Uganda y Kenia.

Las caídas Sipi son un grupo de tres cascadas de agua dulce que descienden del rio Sipi. Un circuito común de turismo es escalar el Monte Elgon y luego hacer senderismo alrededor de  las cascadas. Que significa menos intenso que escalar el monte, pero también puede ser un poco de turismo de aventura, porque estamos en África después de todo! Se puede hacer rapel y si eso es muy arriesgado, durante el simple senderismo encontraras aventura, ya te contaré.

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Parque Nacional Lago Mburo, primer safari en África

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Hacer un safari en África es el sueño de cualquier persona que ame la naturaleza y los animales,  y que haya crecido viendo National Geographic o el Discovery Channel. Por lo que era y sigue siendo un sueño para mí, porque con uno no basta y ningún safari se parece al otro. Los mejores safaris están sin duda en África del Este y del sur,  así que cuando supe que iba a vivir precisamente por esa zona del mundo me dio una alegría inmensa, porque sabía que el maravilloso mundo de la Sabana Africana se abriría ante mis ojos.

Quisimos empezar con una aventura modesta, con un parque pequeño y tal vez no el más espectacular, para ir así poco a poco descubriendo toda la majestuosidad de la fauna africana. Así que fuimos al Lago Mburo en Uganda, uno de los parques más pequeños del país pero el único donde puedes hacer un safari caminando. Nos fuimos primero a la posada, que quedaba sobre una roca muy grande. Desde ahí teníamos una vista espectacular de la planicie. Llegamos al mediodía con un calor y un sol implacable, sin embargo yo quería salir de una vez a ver a los animales. Nos explicaron que así como para nosotros el clima era muy intenso al mediodía,  para los animales también lo seria y buscarían sombra, lo que quiere decir que no era el mejor momento para salir porque iban a estar escondidos, lo que tuvo mucho  sentido. Esperamos que el sol bajara un poco para salir.

Empezamos viendo muchas Cebras, que son impresionantemente bellas y raras. Son como unos caballos con un diseño de piel muy particular. Me encantaba verle sus ojos son grandes, negros y bellos y con unas pestañas largas como una muñeca. Cuando hacia contacto visual con ellas me veía por unos segundos y luego salían corriendo, galopando con el mismo sonido que hacen los caballos. El diseño de su pelaje a pesar de ser imitado tantas veces en ropa y decoraciones me sigue impresionando, es difícil distinguir si es blanca con rayas negras o negra con rayas blancas. Aunque en las más pequeñas el pelaje no se ve negro sino más bien marrón.

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El lago Victoria y la fuente del rio Nilo

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Después  de apenas unas semanas de mi llegada a Kampala, ya estaba ansiosa por salir de la ciudad y empezar a recorrer el país. Ese sentimiento es normal en  mí siempre que visito un país, pero ahora que Uganda es mi nuevo hogar me lleno de paciencia porque tendré mucho tiempo para descubrir cada rincón. Además que siempre es buena idea esperar un poco para escuchar las recomendaciones de locales y de las personas que viven en el país. Así que el primer viaje fue sencillo, un viaje de un día donde me disponía a conocer el Lago Victoria y la cuna del legendario Rio Nilo.

Primero tengo que confesar que pensé que Kampala estaba a las orillas del  Lago Victoria, y aunque ciertamente está muy cerca y desde algunas zonas de la ciudad se puede ver el lago, no es tan adyacente como que puedes ir a caminar a la orilla del lago. Sin tráfico,  podrías durar desde el centro de la ciudad hasta el lago aproximadamente una hora. El Lago Victoria es el lago más grande de África y el segundo más grande del mundo con 69,484 km cuadrados de superficie y se comparte en su mayoría entre Uganda y Tanzania, y un poco cae en el territorio de Kenia. Y como es de esperarse, muchas comunidades dependen del lago y viven en sus alrededores.

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Lo recorrimos en un pequeño bote en un día soleado con este clima perfecto de Uganda, caliente pero no demasiado y nada de humedad. Vimos muchos pájaros, de diferentes colores, tamaños y velocidades porque había unos que vi solo por facciones de segundo. Como por ejemplo el bello kingfisher (en español Alcedinidae) que es tan pequeño y rápido como un colibrí y que se podía detectar por su color naranja y purpura brillante. Las orillas del Lago Victoria en Uganda y su zona alrededor conocida como Jinja es la escapada más rápida y fácil desde Kampala. Por la zona hay un montón de hoteles y hostales para los que se quieren escapar de la ciudad y hacer un poco de turismo de aventura incluyendo rafting.  El lago es inmenso, el azul del agua invita a querer lanzarse y nadar, pero no lo recomiendan  por la presencia del parasito Bilharziasis que se encuentra en el agua dulce en cada rincón del país. Algo desafortunado porque Uganda tiene muchos y hermosos cuerpos de agua dulce, pero hay que disfrutarlos solo con la vista. Mientras paseábamos en un bote el guía nos hablaba de la fauna presente en el lago, nos ensenaba los cultivos de peces de agua dulce y pudimos ver desde lejos las comunidades que viven a las orillas del lago.

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Viaje natural y mitológico a las Cuevas Batu en Malasia

Templo Hindú en las Cuevas Batu

Las Cuevas Batu son una combinación de religión y naturaleza poco común, a menos que sea en un peregrinaje. Estas cuevas se encuentran al norte de Kuala Lumpur y valen totalmente una visita.

Empezamos con la religión que es lo que primero se nos muestra con la increíble estatua de del Dios Kartikeya o Murungan, el Dios de la guerra. Este Dios es el hijo del Dios Shiva. Para los que conocen poco sobre hinduismo, Murungan vendría siendo el hermano de Ganesh, el Dios con cabeza de elefante que es más popular fuera de India, tal vez porque a nuestros ojos occidentales les llama más la atención la imagen de un ser mixto. Luego de pasar la imponente estatua de 42.7 metros de altura, empieza la subida de escalones hasta el tope donde encontrarás un templo hindú. En el camino veras turistas y devotos, muchos monos y bellas vistas de la ciudad en la lejanía. Aunque la estructura del templo no es tan espectacular como muchos otros que puedes ver en India, el hecho que está dentro de una cueva lo hace muy especial porque el sol lo ilumina con destellos de luz, que van buscando su camino por dentro de la roca y la vegetación, ambos van acompañando la colorida estructura y las deidades hindúes con sus tonos verdes y grises.

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Koh Phangan, la isla de la Luna Llena en Tailandia

Embarcacion pesquera en Haad Chao Phao

Koh Phangan es una isla en el Golfo de Tailandia conocida por las súper fiestas que hacen durante la luna llena, pero la isla tiene mucho más que ofrecer que solo esta fiesta, que es tan popular que  todos los meses asisten entre 10 000 y 30 000 personas a la playa de Hat Rin y que ahora hacen hasta una fiesta por la media luna.

Para mi Koh Phangan atrae gustos tan diferentes que representa la dualidad de algunos seres humanos. En un lado de la isla esta esta mega fiesta loca que empieza a media noche con la luna llena, en plena playa con dj’s música electrónica, gente con pintura fosforescente en el cuerpo y comprando cubos/tobos llenos de bebidas alcohólicas y bailando bajo la luz de la luna hasta que el cuerpo aguante, que es posiblemente con el amanecer. ¿Suena genial verdad? Bueno yo nunca lo he hecho y eso que pase un mes en la isla. La razón es porque precisamente estaba disfrutando el otro lado de la isla, la Villa Hippie como me gusta llamarla, la zona de Baan Shrithanu Village al oeste de la isla,  donde hay muchísimas escuelas de yoga, meditación, retiros espirituales y restaurantes veganos, vegetarianos y otros con todo. Ya les conté como pase mi mes en un increíble viaje para convertirme en profesora de yoga. Ahora les quiero hablar de todo lo demás que tiene esta isla que ofrecer, más allá de la fiesta de la luna llena.

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atardecer islas tailandesas sunset in thai island beaches

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