Safari, cataratas y el río Nilo: Parque Cascadas Murchison

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Hace por allá casi un año, decidí que era tiempo de aventurarme en mi segundo safari en África. Uno tiende a dilatar el conocer los sitios de donde uno vive porque se siente como si tuviera todo el tiempo del mundo. Pero yo sé por experiencia que dos o tres años pueden pasar volando y yo tenía otra urgencia, tenía siete meses de embarazada y pensaba que con el bebé la logística se complicaría y no podría conocer más de Uganda (La cosa no ha sido tan grave como me imaginé). Así que me embarqué en mi segundo safari africano, el destino: El Parque Nacional Cataratas de Murchinson en Uganda.

El viaje desde Kampala son aproximadamente cinco horas, lo hicimos en la mañana y llegamos con tiempo para un safari en la tarde. Este parque es uno de los favoritos de muchos aquí en Uganda, hay mucha más variedad de animales que en el Parque Nacional Lago Mburo, incluyendo elefantes y leones,  así que mis expectativas eran muy altas. Nos montamos en el carro especial para Safari con el dueño de la posada y arrancamos. Lo primero que me encantó fue la cantidad de antílopes que se podía apreciar. Decenas y decenas de antílopes, como el cobo y otros distintos a los que ya había visto como el oribí, muy chiquito y muy cuchi. Parecía una caricatura para niños con sus grandes ojos y cuerpito chiquito. El alcélafo o búbalo común,  que tiene una cara también caricaturesca, larga cara y ojos muy pequeños y pegados entre. En la llanura había pequeñas colinas y cuando llegamos al tope de una colinita pude ver a la lejanía unas jirafas,  se veían como un triángulo ambulante a la distancia, con ese caminar raro y único que tienen debido a que sus patas delanteras son más largas que las traseras. Al rato tuvimos el placer de ver varias manadas de elefantes, en un lugar con algunos árboles que no eran el distintivo árbol Acacia. No sé qué árbol era, pero debe parecerles delicioso a los elefantes,porque había varias manadas en esta zona. Las manadas eran como de 7 elefantes más o menos. En Sri Lanka ya había visto elefantes en su hábitat pero los elefantes asiáticos nada tienen que ver con los elefantes africanos. Éstos son gigantes, su piel es más oscura, es de un gris plomo, no tienen las manchas rosadas que algunos elefantes asiáticos tienen y los africanos tienen colmillos largos indistintamente si son hembras o machos. Nos pudimos acercar a una que estaban cerca de la calle, nosotros mantuvimos la distancia prudencial, pero había otro carro de Safari que se acercó muchísimo e hizo que uno de los elefantes le tocara la trompeta! Ja, ja, ja. No fue en realidad tan gracioso, se acercaron mucho y una de las elefantas (porque las manadas son por lo general son de hembras con las crías), le estaba reclamando su espacio, con su sonido barrito que parece de trompeta. Les estaba pidiendo que se alejaran. Los otros turistas pasaron algún tiempo ahí sacando fotos, hasta que el elefante parecía cada vez más molesto y se movieron.

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Ya estaba cayendo la tarde y nos paramos cerca del rio Nilo a ver si divisábamos algún hipopótamo, no lo vimos pero la tarde estaba hermosa. El cielo empezó a lucir sus matices rosados y purpuras y la hora dorada había empezado a aparecer. Yo me daba por satisfecha aunque no habíamos visto leones, además uno tiene que salir del parque a las siete. Cuando ya nos estábamos yendo vimos venir siete jirafas que se acercaban al rio a tomar agua. Paramos el carro y nos quedamos observándolas como poco a poco se acercaban. Con unas manchas muy oscuras, casi negras. El guía nos explicó que estas eran unas jirafas macho, de la especial y amenazada especie de jirafa Rothschild. Nosotros montados en el tope del carro y sobre los asientos, veíamos hacia arriba a las jirafas. Eran muy, muy altas. Fue hermosísimo estar ahí tan cercas de ellas, aunque no nos tenían miedo no nos perdían de vista, una a una fueron acercándose al auto y luego alejándose porque estábamos justo en su camino al agua. Luego de despertar del hechizante momento nos dirigíamos,  esta vez sí, a salir del parque porque se nos hacía muy tarde, cuando de repente nuestro guía/conductor recibió una llamada. Habían unas leonas al lado del camino muy cerca de donde estábamos.

Jirafa Rothschild Giraffe Parque Nacional Murchinson Uganda Murchinson Falls National Park 3
Jirafas en el río Nilo. Vean lo oscuras que son las manchas, esta es la jirafa Rothschild

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Sin pensarlo nos fuimos a ver a las leonas. Ver a los felinos siempre es un golpe de suerte porque son muy esquivos. Yo pensaba bueno ver una leona o dos sería maravilloso. Pero para mi sorpresa no eran una, ni dos, sino CUATRO leonas que estaban a muy pocos metros de distancia de los autos, a un lado del camino pavimentado. Estaban ahí relajándose, como un grupo de amigas charlando. Rodaban por la grama haciendo la “postura del bebé feliz” de yoga. Parecían no notarnos, hasta que mi esposo habló un poco duro para comunicarse con el carro que estaba atrás y pude ver como pasamos de ser invisibles a visibles para ellas en un segundo. La mirada casual y despreocupada se enfocó directamente en nosotros por el sonido de nuestras voces. Los ojos amarillos y salvajes nos enfocaron, como una cámara que busca su punto de enfoque, lo encuentra y lo pierde en un instante. Así como nos vieron nos dejaron de ver y siguieron con su cosa. Ese micro segundo tuvo gran impacto en mí, porque como les había contado de mi encuentro con el león en el Centro de Educación y Conservación de la Vida Silvestre de Entebbe, la mirada no inspira nada de confianza o amor, sentí un poco de miedo y respeto por los felinos. Me imagino que debe ser algo en nuestro cerebro réptil que no nos permite sentir mucha ternura o empatía por un felino tan grande. O debe ser el ambiente, ellos allí en plena libertad, en su hábitat, nosotros completamente desprotegidos en un carro descapotable, con medio cuerpo a la intemperie, sin armas, sin nada… Ellas tenían toda la ventaja. Pero obviamente, el susto es parte de la experiencia y de la belleza de la misma, te pone en perspectiva que los humanos en una batalla cuerpo a cuerpo, tenemos todas las de perder. Y está bien, porque nos devuelve la humildad, todos somos susceptibles a algo hasta nosotros los humanos que muchas veces nos creemos invencibles.Nos quedamos un buen rato con las leonas, tratamos de no hablar más, compartimos el silencio y los sonidos de la sabana con ellas. Una de ellas en un momento se movió al camino y se echó allí, bloqueando la calle. Otra decidió cruzar la calle e irse al otro lado, donde la maleza estaba más o menos a 20 centímetros de alto y la leona sencillamente desapareció ante nuestros ojos, si yo no hubiera sabido que estaba ahí, no la hubiera podido ver. Eso también me impresionó y asustó un poco, y entendí porque no está permitido bajarse del auto en estos parques.

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Otra vez nuestro guía/conductor fue el que nos despertó del hechizo, así como cuando uno está en la relajación final de una clase de yoga y la voz del profesor te llama o el sonido del gong suena, uno da un saltico y vuelve al mundo. Teníamos que regresar, ya era muy tarde casi las siete de la noche. Me despedí mentalmente de las leonas y nos fuimos. Pero el parque Murchison no estaba listo para despedirse de nosotros. En el camino cuando lo que podíamos observar era solo el horizonte crepuscular y las siluetas de los animales, vemos como de repente los animales escuchan algo que es imperceptible para nosotros y todos se paran en alerta y voltean al unísono hacia un lado del horizonte, todos excepto un alcélafo que no sabía lo que pasaba. Paramos por un momento, no vimos ni oímos nada, pero lo animales seguían viendo hacia el mismo sitio. Seguimos nuestro camino, cuando vemos que los antílopes se veían más atentos, con los largos cuellos estirados viendo hacia un sitio hasta el acéfalo estaba ahora volteado con todos los animales. Paramos de nuevo y a la distancia vimos la sombra de lo que tenía a  decenas de animales sobre sus puntillas: un león. Allí estaba el rey de la sabana muy a lo lejos pero con su poderosa presencia. Lo vimos, trate de memorizar cada detalle de la espectacular escena, la sabana, la delgada línea amarilla en el horizonte en contraste con la negrura de la noche que ya aparecía con pequeñas estrellas; la silueta de los árboles y la de los antílopes, con su patas y cuellos delgados, cuernos puntiagudos, aguantando la respiración, todos viendo en la lejanía a felino peludo que caminaba como si nada pasara… Pero nuestro guía/conductor apareció como el conejo blanco de “Alicia en el País de las Maravillas”, despertándonos del encanto y diciéndonos que íbamos tarde. Seguimos nuestro camino ahora si en la oscuridad plena, cuando casi chocamos con un búfalo de agua, que estaba sangrando en su muslo trasero, sangre roja y brillante como sus ojos al reflejarse con la luz del auto. El búfalo definitivamente había sido atacado, sobrevivió pero estaba aturdido y perdido. Después del frenazo, lo esquivamos con el carro y seguimos nuestro camino. Salimos del parque un poco después de las 8 de la noche. Los guardias conocían nuestro guía, éste les contó porque estábamos tarde y los guardias como buenos ugandeses se alegraron e impresionaron con las historias y la cosa no paso a mayores. Realmente no sé qué hubiera pasado si no estuviéramos con el guía, tal vez nos hubieran puesto una multa o algo, pero no fue así. Cabe destacar que quedarnos tan tarde en el parque fue solo posible porque nos quedamos en el banco norte del parque. El parque Murchison está dividido en dos por el rio Nilo y los animales están en la parte norte del parque. Muchos de los hoteles y posadas están en la parte sur  y es necesario tomar el ferry que tiene horarios fijos (para más información revisa la página del parque aquí). Quedarnos en la parte norte fue clave para poder disfrutar el parque hasta tan tarde sin tener que preocuparnos por tomar el ferry para llegar.

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Momento en el que todos los antílopes estaban viendo hacia el león menos el alcélafo que estaba perdido
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Ya aquí el alcélafo se dio cuenta que todos estaban viendo al león

Ese día de safari estuvo increíble, lo hice todo embarazada de casi siete meses. Esa noche me costó descansar y me dolía un poco la espalda, además estaba agotada porque pasé mucho calor, pero el camino del parque no es irregular ni con muchos baches. Obviamente también le pregunté a mi médico si podía ir y me dijo que sí, mi embarazo no tenía ninguna complicación. Lo único complicado es el calor en la sabana africana y las ganas de orinar. Que obviamente son dificultades que pasa cualquier mujer embarazada, pero en plena sabana africana es mejor tomar más precauciones, como no alejarse demasiado de la salida del parque por si tienes que usar el baño o ir en horas o temporadas que no sean muy calientes para que no te deshidrates. Al día siguiente salimos a hacer safari en nuestro carro y lo hicimos en la mañana, un poco tarde la verdad porque me pasó lo que les dije antes, hacía mucho calor y tome demasiada agua. Cuando uno está embarazada la temperatura corporal cambia, por la cantidad de sangre que está en el cuerpo y bueno por la complejidad que representa crear vida en tu cuerpo. Así que el segundo safari no lo disfruté mucho y la verdad el día anterior estuvo espectacular que para mí estuvo bien cortar el segundo día y hacer algo más relajado. Nos fuimos entonces en un ferri a pasear por el río Nilo y a ver las famosas cataratas de Murchison.

El nombre Murchinson fue dado en honor al presidente de la “Royal Geographical Society” Roderick Murchison para el momento del descubrimiento de las cataratas en 1864, por el explorador británico Samuel White Baker. El recorrido es bien relajado y refrescante muy diferente a un día de safari. Vimos Hipopótamos y cocodrilos, así como unas jirafas en la orilla. Yo me relajé tanto con el sonido del motor y el agua salpicando que hasta me dormí. El cielo estaba azul y el agua reflejaba la vegetación y las nubes. Todo muy relajante, nada de la adrenalina del día anterior.  Llegamos a las cascadas, algunas personas se bajaron para subirlas caminando. Nosotros nos quedamos en el barco y regresamos. De camino de regreso a Kampala al salir del parque nos encontramos con otra manada de elefantes que nos bloqueó el camino por un buen rato. Nos quedamos con ellos hasta que ya no pudimos más y tuvimos que dar una vuelta. Creo sin duda que este safari en Murchinson será uno de los mejores de mi vida.

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Chimpancés en el bosque de Kibale en Uganda

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Uganda es uno de los mejores lugares del mundo para ver primates en su hábitat, con trece diferentes  tipos de primates en el pais. Entre los más populares que puedes observar aquí están los Gorilas de Montaña, uno de los tres países en el mundo donde se pueden observar, y nuestros primos los Chimpancés.

Hay varios sitios en el país donde los puedes visitar en su hábitat, en Kyambura Gorge en el Parque Nacional Reina Elizabeth o en el bosque lluvioso de Kibale donde la población es más abundante. Nos decidimos por el bosque de Kibale porque hay más Chimpancés lo que se traduce en más oportunidades de verlos y porque Kibale queda mucho más cerca de Kampala que el Parque Nacional Reina Elizabeth.

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Parque Nacional Lago Mburo, primer safari en África

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Hacer un safari en África es el sueño de cualquier persona que ame la naturaleza y los animales,  y que haya crecido viendo National Geographic o el Discovery Channel. Por lo que era y sigue siendo un sueño para mí, porque con uno no basta y ningún safari se parece al otro. Los mejores safaris están sin duda en África del Este y del sur,  así que cuando supe que iba a vivir precisamente por esa zona del mundo me dio una alegría inmensa, porque sabía que el maravilloso mundo de la Sabana Africana se abriría ante mis ojos.

Quisimos empezar con una aventura modesta, con un parque pequeño y tal vez no el más espectacular, para ir así poco a poco descubriendo toda la majestuosidad de la fauna africana. Así que fuimos al Lago Mburo en Uganda, uno de los parques más pequeños del país pero el único donde puedes hacer un safari caminando. Nos fuimos primero a la posada, que quedaba sobre una roca muy grande. Desde ahí teníamos una vista espectacular de la planicie. Llegamos al mediodía con un calor y un sol implacable, sin embargo yo quería salir de una vez a ver a los animales. Nos explicaron que así como para nosotros el clima era muy intenso al mediodía,  para los animales también lo seria y buscarían sombra, lo que quiere decir que no era el mejor momento para salir porque iban a estar escondidos, lo que tuvo mucho  sentido. Esperamos que el sol bajara un poco para salir.

Empezamos viendo muchas Cebras, que son impresionantemente bellas y raras. Son como unos caballos con un diseño de piel muy particular. Me encantaba verle sus ojos son grandes, negros y bellos y con unas pestañas largas como una muñeca. Cuando hacia contacto visual con ellas me veía por unos segundos y luego salían corriendo, galopando con el mismo sonido que hacen los caballos. El diseño de su pelaje a pesar de ser imitado tantas veces en ropa y decoraciones me sigue impresionando, es difícil distinguir si es blanca con rayas negras o negra con rayas blancas. Aunque en las más pequeñas el pelaje no se ve negro sino más bien marrón.

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Koh Phangan, la isla de la Luna Llena en Tailandia

Embarcacion pesquera en Haad Chao Phao

Koh Phangan es una isla en el Golfo de Tailandia conocida por las súper fiestas que hacen durante la luna llena, pero la isla tiene mucho más que ofrecer que solo esta fiesta, que es tan popular que  todos los meses asisten entre 10 000 y 30 000 personas a la playa de Hat Rin y que ahora hacen hasta una fiesta por la media luna.

Para mi Koh Phangan atrae gustos tan diferentes que representa la dualidad de algunos seres humanos. En un lado de la isla esta esta mega fiesta loca que empieza a media noche con la luna llena, en plena playa con dj’s música electrónica, gente con pintura fosforescente en el cuerpo y comprando cubos/tobos llenos de bebidas alcohólicas y bailando bajo la luz de la luna hasta que el cuerpo aguante, que es posiblemente con el amanecer. ¿Suena genial verdad? Bueno yo nunca lo he hecho y eso que pase un mes en la isla. La razón es porque precisamente estaba disfrutando el otro lado de la isla, la Villa Hippie como me gusta llamarla, la zona de Baan Shrithanu Village al oeste de la isla,  donde hay muchísimas escuelas de yoga, meditación, retiros espirituales y restaurantes veganos, vegetarianos y otros con todo. Ya les conté como pase mi mes en un increíble viaje para convertirme en profesora de yoga. Ahora les quiero hablar de todo lo demás que tiene esta isla que ofrecer, más allá de la fiesta de la luna llena.

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atardecer islas tailandesas sunset in thai island beaches

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Las Tierras de Té en Sri Lanka

Plantaciones de té Sri Lanka Hill Country
Plantaciones de té en Sri Lanka

Sé que salir de Colombo en carro va a hacer un camino largo. Poco a poco voy dejando atrás los edificios altos, las calles no se ponen necesariamente más amplias, el tráfico no baja, pero sé que voy  saliendo de la ciudad porque el paisaje se va ampliando, los árboles empiezan aparecer más seguido, árboles frutales con el rojo/fucsia del rambután colgando de ellos y todo se ve más rural, empiezan a aparecer los animales de la carretera: perros y vacas. Sigo, sigo, de repente se pone todo más caótico otra vez, gente por todos lados, tienditas, vendedores en las aceras, más carros, mas tuk tuks, ¿volvimos a Colombo? No, estamos pasando por pequeñas ciudades caminos a la Tierra del Té de Sri Lanka. Sigo, los caminos se ponen más angostos, la carretera tiene muchas curvas, una tras otra, me mareo. El paisaje empieza a cambiar otra vez,  vamos subiendo, hace más frío, los árboles altos frutales son reemplazados por pequeños arbustos plantados en las colinas formando terrazas, sigo mareada, veo colores: una explosión de verdes ante mis ojos, tantas tonalidades distintas como nunca había visto y lo supe. Esos colores me daban la bienvenida a la Tierra del Té, donde se cultiva uno de los mejores tés del mundo, en el país que fue primer exportador de Té hasta el año pasado y ahora es el segundo.

El aire es fresco, es más frío. Que alegría es poder dejar de sudar por un rato. En Colombo sudo por la humedad y la temperatura como nunca antes, en sombra o bajo el sol, ni en mi país caribeño sudé tanto. Aquí la brisa es templada, no demasiado sino lo suficiente para disfrutarlo. Mientras disfruto de las vistas  y los colores sigo pensando que quiero llegar pronto las vueltas y vueltas del camino me marean. De repente recibo algo más para mis sentidos, empiezo a ver puntos de colores brillantes entre la marea verde de las plantaciones, sigo, vueltas y vueltas, quiero ver de cerca. Me acerco más y compruebo que, son las recolectoras de té. Las famosas recolectoras de té que son descendientes de Tamiles de la India que los británicos trajeron hace mucho tiempo. Visten sus saris multicolores, tienen su Bindi, el punto que colocan las hindúes entre sus cejas que significa el centro del universo, el centro de la creación donde empieza el Mandala de la vida, donde todo se une,  dónde está el Anja Chakra, el chakra del tercer ojo. Sonríen y recogen rápido el Té, tan rápido que casi no puedes ver sus manos moviéndose. Son bellas.

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Mejores Playas de Sri Lanka Parte II

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Hiriketiya

Continuando con mi artículo sobre las mejores playas en Sri Lanka, llegamos a las mejores de este top, a las playas que deberías colocar en tu itinerario si vienes por la Perla de Océano Indico. Pónganse su traje de baño y lentes de sol para que me acompañen en este recorrido, en el cual las playas de este lado del mundo me robaron mi corazón caribeño. Estas playas tienen el agua azul y caliente sin duda, porque cada vez que nos adentramos más hacia al sur de la isla, las playas se van poniendo más bellas y más vírgenes. Además de mis playas preferidas, les voy a complementar con lugares para hacer yoga y surf, y otra curiosidad sobre la mística isla Trapobane.

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Playa en Dondra
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Playa Wijeya
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Playa Mirissa

05) Unawatuna: larga playa con palmeras, que no amé a primera vista pero que fui apreciando un poco más con cada visita. Queda al sur de la isla muy cerca de la ciudad amurallada de Galle. Quisiera dar un descripción correcta pero la playa ha cambiado de apariencia las veces que la visité y ahora puede ser otra. Los cambios se deben a que se construyó un rompe-olas en de las esquinas de la bahía, para hacer la playa más tranquila y más adecuada para familias imagino. Una idea no muy brillante que no se a quien se le ocurrió. Pero obviamente no contaron que la mayoría de las veces la naturaleza es indomable y no siempre hace lo que los humanos quieren. Después de la construcción de esa barrera artificial el mar se tragó (por decirlo de alguna manera) la arena y  parte de la playa, las olas rompían en las fachadas de los hoteles y restaurantes frente al mar. Para mejorar la situación empezaron a tomar arena del fondo marino y colocarla en la orilla para hacer de nuevo la playa. Esto hizo que la arena de la playa como tal sea ahora muy dura y  llena de residuos marinos que te puyan los pies, nada que ver la suave blanca arena de las otras playas. Eso era lo que pasaba la primera que vez que fui, la segunda vez ya vi que estaban quitando el rompe-olas artificial, tratando de enmendar el error.  Se preguntaran entonces porque a pesar de estos inconvenientes está alta en la lista pero tiene sus cosas buenas y se las voy a contar. Ambas veces con solo dos pasos en el agua ya se hacía súper profunda lo que para mí era muy agradable, nunca he sido fanática de esas playas en las que tienes que caminar grandes distancias buscando una profundidad adecuada.  Esta playa fue muy famosa en décadas anteriores y se nota aun por su desarrollo  y capacidad turística con opciones de hoteles, restaurantes y tiendas. La callecita para acceder a la playa está llena de restauranticos playeros con buena comida, música, tragos y con tienditas para comprar recuerdos de Sri Lanka, incluyendo algunas buenas galerías de arte. Esta calle, la variedad de hoteles y la cercanía a Colombo y Galle, la hacen una muy conveniente escapada.

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Mejores playas de Sri Lanka parte I

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Sri Lanka como isla tropical tiene muchísimas playas para tu disfrute. Cuando llegué mis expectativas estaban controladas porque viniendo del Caribe es difícil sorprenderse. Esto suena muy engreído lo sé, pero tranquilos, por supuesto que me he equivocado muchísimas veces aunque tenga esta percepción fijada en mi cabeza. Cada playa tiene su encanto bien sean las playas con piedritas  en vez de arena y agua cristalina de la isla de Rodas en Grecia o los grandes riscos que acompañan las playas en el norte de California en Estados Unidos. Es que en general en el “mar la vida es más sabrosa” como dice el dicho. Ahora después de ser justa y admitir que las playas de todo el mundo pueden sorprenderme positivamente, hay unas que tienen más encantos que otras. Para mí no basta con que el agua sea cristalina y la arena blanca, me gusta que tengan palmeras o vegetación alrededor (al menos que sea un archipiélago como los Roques en Venezuela, mi única excepción), importa cuanta gente hay en la playa y los servicios a los que tienen acceso, y por supuesto el clima, si es frío o la agua es fría va a ser problemático para mi que soy super friolenta. Yo amo la playa, crecí muy cerca de ella y me fascina.

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En Sri Lanka lo que más me ha sorprendido  es que el agua es más caliente que la del caribe, lo que es impresionante. Puedo de una vez meterme al agua, no necesito aclimatarme mucho.  Para visitar las playas esrilanquesas les recomiendo que tomen en cuenta la temporada del monzón. El sur de la isla tiene las mejores playas y la mejor infraestructura, pero es mejor visitar la zona entre noviembre y abril, que es en general la mejor época para visitar la costa oeste y el sur. Y de abril a septiembre es la mejor temporada para visitar la costa este.

Hoy quiero empezar la lista de las playas que más me han gustado en Sri Lanka en orden ascendiente, empezando por la número 10. Aunque algunas no quisiera recomendar necesariamente que las vayas a visitar, las incluyo para que tengas una idea de qué esperar y decidir si ir o no, no todos tenemos los mismos gustos!

Mejores playas Sri Lanka parte 1
En esta mapa pueden ver las playas de las que les cuento en este artículo. Mapa de India Odessey Tours

Empezamos con el número 10 en la lista Negombo:

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La danza de elefantes en Minneriya, Sri Lanka

La Danza de Elefantes

Mi historia con los elefantes asiáticos se remonta a mi niñez. En mi ciudad natal Maracay en Venezuela hay un zoológico donde había una elefanta asiática. Su espacio o jaula daba hacia la calle así que al pasar frente al zoológico siempre la veía. Recuerdo que la visitaba de niña y ella acercaba su trompa para buscar comida. Era cándida, tranquila y símbolo  de la ciudad. Se dice que llegó al Caribe como un regalo o adquisición de un dictador de principios de Siglo XX que gobernaba Venezuela desde Maracay y no desde la capital Caracas.  Más que en circos, mi recuerdo de los elefantes era en este zoológico y el poema del nicaragüense Rubén Darío “Margarita” del que ya les hablé en un artículo anterior.

Mis experiencias con los elefantes en Sri Lanka había tenido sus altos y bajos, no por lo elefantes en sí, que me parecen unos animales hermosos, inteligentes, cándidos, sabios y empáticos. Sino más bien por la experiencia con los humanos y cómo los trataban, empezando en fondo de la decepción con el Colombo Perahera, mejorando con la visita al Parque Nacional Yala, bajando un poquito con la visita de los elefantes en los templos y llegando a la cúspide con la visita al Parque Nacional Minneriya, de verdad no creo que se ponga mejor que esto, en cuanto a elefantes asiáticos. A lo mejor mi visita al Parque Minneriya pueda ser solo superado por un safari en África, tal vez.

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El Parque Nacional Minneriya queda al Noreste del país y cuenta con uno de los eventos mágicos de la naturaleza conocido como la Reunión de Elefantes. Durante la sequía (de julio a septiembre) los elefantes se mueven a una pequeña zona donde tienen agua y una planta que les gusta. Yo escuchaba que se veían cientos de elefantes hasta 200. Si hubiera podido ver mi cara cada vez que escuchaba eso aseguraría que la ilusión de poder presenciar esto hacía que mis ojos formaran corazones. Así que moría por ir. Como el Parque queda dentro del Triángulo Cultural aprovechamos el viaje para ver también Sigiriya y las cuevas de Dambulla (que ya les conté). Habíamos contactado a un conductor con una camioneta 4×4 especial para Safaris y fuimos. El parque es inmenso y con espacios abiertos. A diferencia del Parque Nacional Yala, aquí vienes sobre todo a ver los elefantes. En el intermedio puedes ver búfalos de agua y aves, pero el objetivo único es ver a los elefantes. Después de unos minutos de adentrarse en el parque empiezas a verlos. La primera manada que vimos tenía alrededor de 25 elefantas incluyendo bebés. Yo sencillamente no podía creer la hermosura de ver estos animales, tan grandes imponentes y pacíficos. Con sus ojos tiernos y audaces. Sus movimientos son lentos, casi sincronizados los unos con los otros. Al verlos largo rato sus movimientos son relajantes. Mi asombro y dicha no dejaba de crecer, al sentirme totalmente agradecida de tener la oportunidad de ver estos animales tan cerca, libres, bellos, sanos y felices, como debe ser. Ningún acto de circo, ni el zoológico más humano del mundo puede asemejar la plenitud deber estos animales libres, nada el mundo se puede comparar a esto.

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Bebés elefantes

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