Seis cosas inesperadas sobre Uganda

Ankole Watusi raza bovina de Uganda- African Ankole Cattle

En el artículo anterior les conté sobre algunas cosas que me sorprendieron del país apenas llegué, pájaros gigantes volando por la ciudad, predicadores cristianos predicando a los carros en uno de los numerosos atascos de la ciudad, venta de insectos como meriendas en esos mismos atascos y los alegres y extrovertidos que son los ugandeses. Pues después de unas cuantas semanas en el país y de haber salido de Kampala les puedo contar más sorprendentes e inesperadas cosas sobre sobre Uganda:

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  1. Uganda es una República pero reconoce por ley Reyes tribales, cuatro en total que aunque no tienen soberanía absoluta de sus reinos, tienen influencia política. Para algunos ugandeses, los reyes son más importantes en cuanto a prestigio y depositarios de respeto que el mismo presidente. Este respeto a los reyes, que por supuesto son vitalicios, tal vez explique porque el presidente actual tiene más de 30 años de mandato.
  2. Tiendas al aire libre. Cuando recorres la ciudad y el interior, ves como venden de todo en las aceras. Las aceras no son para los peatones solamente, a veces son una extensión de las tiendas una vitrina al aire libre. Muebles, plantas, electrodomésticos, ropa, lo que sea lo encuentras al lado de la calle. La que me ha llamado más la atención son los que venden muebles de madera, al parecer no hay una tienda especifica en la cercanía, es solo vendedores ambulantes que tienen su mercancía en la calle porque no pueden cargar una cama o gabinete en la cabeza, entonces lo dejan a un lado de la calle. Entiendo que cuando llueve lo cubren con plástico y hasta pasan la noche ahí, porque mover tantos muebles cada noche no valdría la pena. Entonces no solo es una tienda al aire libre, es un depósito y taller al mismo tiempo porque hasta puedes ver de vez en cuando como construyen los muebles o los barnizan a plena luz del día. ¿A Alguien le provoca conocer esta tienda?

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La impasible Paz. Bolivia-Crónicas del altiplano

Cholitas en Copacabana
Cholitas en Copacabana

En junio del 2014 pase por Bolivia  unos días, el primer encuentro con la bolivianidad fue el temido “mal de páramo” o el malestar producido por la altura. Pues apenas aterrizó el avión, me levanté entusiasta porque el vuelo fue largo y era de madrugada. Con ese salto desde el asiento, pude sentir el corazón acelerado y cómo mis pulmones para adaptarse estaban trabajando rapidito. Pero lo que pudo parecer un leve ataque de asma no duró ni 3 minutos, se paso con unos cuantos respiros profundos. Luego me ofrecieron una pastilla y hasta allí quedó el asunto del mal de páramo. Los otros días si se me ocurría subir escaleras corriendo, pues mis pulmones me recordaban rápidamente que la disponibilidad de oxígeno no era la misma, a través de la dificultad para respirar y las estrellitas en mis ojos. Entonces me olvidaba de correr, respiraba profundo y listo.

Llegué a la Paz, a la mal querida. La llamo así porque de mis amigos que han viajado a Bolivia, todos me recomendaron no pasar mucho tiempo ahí, ya que lo bello de Bolivia estaba fuera de la ciudad, me pareció entonces las descripciones de Caracas, la malquerida. A la salida del aeropuerto del Alto, se pueden ver casas sencillas de ladrillos, con antenas de televisión por satélite en algunas, instaladas en un cerro, lo que me comprobó el paralelismo con Caracas. Estas lomas con casitas pequeñas y sencillas, no son tan extensos como los barrios de Caracas o las favelas de Brasil y no puedo decir si son peligrosos o no. Luego de pasar estas montañas con casas, ya propiamente en la Paz, encontrarán otras montañas de tierra roja. Que bien podrían compararse con las fotos de las montañas de Marte, tomadas por el vehículo explorador Curiosity.

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