Relatos desde Varsovia

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Nunca pensé que asociaría Varsovia con calor y brillante sol.

Haciendo mi maleta para visitar Polonia mis amigos me advirtieron que el verano estaba súper fuerte y que había muchísimo calor. Yo escéptica, pensaba: ¿bueno, que tan caliente se puede poner? Es Polonia después de todo, un país con frontera con Rusia y conocido por sus inviernos. También pensé: además vengo de Sri Lanka ya estoy aclimatada… Por supuesto que estaba equivocada.

En el verano del 2015 (específicamente en agosto) se registraron nuevos récords de temperaturas en Varsovia. Y aunque no era un calor insoportable para mí porque no era húmedo, pues los pobres polacos se estaban derritiendo y la ciudad no está muy preparada para ese tipo de calor. Por supuesto que no tienen aires acondicionados en las casas o restaurantes, ya que cae nieve en cantidades industriales casi la mitad del año. Yo de necia igual me lleve zapatos cerrados y pantalones largos que nunca use y me quedé con las ganas de probar las deliciosas sopas polacas que tanto me encantan, porque nadie estaba vendiendo o cocinando sopas con esa ola de calor. Visitar Varsovia durante esta ola de calor de seguro me dio una perspectiva peculiar y diferente de la ciudad. Los polacos son muy abiertos y amables para estar tan al este de Europa y no al sur, sin embargo estaban un poco atontados con el calor y hasta un poco desatados, había gente bañándose en las fuentes con su ropa interior, esto me pareció graciosísimo.

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Por esa razón y otras, Varsovia para mi es esta ciudad cálida y única. Entre sus calles y fachadas de edificios se relatan tres realidades que unen y desunen el paisaje. La primera realidad es la historia del pasado reconstruido. Varsovia fue arrasada tres veces durante la Segunda Guerra Mundial, una primera vez con la llegada de los alemanes en 1939, una segunda vez durante el levantamiento del Gueto de Varsovia en 1943 y luego durante y al final de levantamiento de Varsovia en 1944 (dos hechos distintos que no deben confundirse). Para 1945 aproximadamente el 90% de Varsovia estaba destruida. Su centro histórico, se ve muy nuevo para ser histórico y se debe a que fue reconstruido gracias a dibujos de artistas italianos del siglo XVIII.

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5 Cosas que debes saber sobre Polonia

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Palacio de la Cultura y la Ciencia Varsovia

Polonia era un país que quería visitar desde hace tiempo, y no necesariamente para ver las cicatrices que dejó la Segunda Guerra Mundial o la época Comunista. Al contrario, quería conocer Polonia por lo que es hoy, por su arte, por su gastronomía, por su cultura y claro un poco también por la historia pero no necesariamente la historia fea y triste. Tuve la oportunidad de trabajar con la Embajada de Polonia en Caracas por casi dos años y tuve una inmersión en su cultura, que me llenó de curiosidad y admiración, además de muchas amigas.

Les quiero contar 06 cosas que deben saber sobre Polonia antes de visitarla para que entiendan mucho mejor la cultura, o para que conozcan estos datos (si no lo sabían) como cultura general o para sembrarles la curiosidad y quieran conocer más de este país.

 Este artículo es una antesala a mis artículos sobre la visita a este país, y aunque siempre les cuento con una ficha del país, esta vez les quiero contar un poco más porque este país me parece fascinante y tenía más conocimiento previo antes de ir a visitarlo por primera vez, por lo que comprendí muchas cosas que pasaban alrededor durante mi visita. Empecemos entonces:

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  1.      Sufrieron lo peor de todo lo que pasó en el Siglo XX. Está lo que más se conoce de Polonia, la Alemania Nazi los invadió en 1939 y con eso se desató la Segunda Guerra Mundial. Polonia sufrió con fuerza la época de los nazis, incluyendo lo más horroroso como lo fue los campos de exterminio. El infame campo de Auschwitz está en Polonia. Como si fuera poco luego cayeron detrás de la cortina de hierro en la Guerra Fría convirtiéndose en un estado satélite de la Unión Soviética. Lo que trajo restricciones políticas, problemas económicos y represión.
  2.      Son un pueblo comprometido con su libertad. A pesar de su poca suerte en el Siglo XX, pocas personas saben que se levantaron contra la ocupación nazi en 1944, manteniendo el control de la ciudad por 63 días, es un episodio conocido como: El Alzamiento de Varsovia (ahora en Varsovia hay un museo dedicado al evento). Todo esto en un esfuerzo de conseguir su libertad antes que la Unión Soviética los rescatara  y fueran sometidos completamente por esta. Lamentablemente no tuvieron éxito a pesar de sus esfuerzos, y se convirtieron en un Estado Satélite de la Unión Soviética. En 1989 después de años de resistencia, huelgas y protestas, el gobierno comunista se sentó con la oposición, representada por el movimiento Solidaridad (que tenían como líder al ganador del Premio Nobel de la Paz Lech Walesa), para negociar. El resultado de las negociaciones trajeron una transición pacífica hacia la democracia, convirtiéndose en el primer país del comunista en lograrlo.
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    Afiche en el Museo del Levantamiento de Varsovia

     

  3.      Canalizaron todo lo que sufrieron a través de sus artes. Desde la época del pianista y compositor Frederic Chopin el arte polaco empezó a ser una ventana de las luchas del pueblo polaco. Chopin compuso muchas canciones para acompañar el baile polaco La Polonesa, que también es un estilo de música folclórica. Esta música se dio a conocer en toda Europa gracias a él y además inspiró a muchos grupos independentistas que buscaban una Polonia independiente, ya que para ese tiempo Polonia estaba dominada por otros poderes imperiales de Europa. Se puede decir que los polacos han tenido siempre representaciones artísticas muy hermosas e intensas. Me gusta su teatro y su cine, por la intensidad de las actuaciones y de las emociones que demuestran. El arte polaco me hechizó desde el primer momento. Por ejemplo, el cine polaco es muy reconocido y galardonado, por ser un cine de autor intenso y complejo. Tienen cine que cuenta las historias no contadas de su pasado doloroso, una vertiente de “Realismo Socialista” en la época comunista y un cine de “Ansiedad Moral” para nombrar algunas vertientes. Entre los directores polacos más renombrados, son conocidos Andrzej Wajda (sus recientes películas incluyen “Walesa un hombre del pueblo”, “Katyn” y entre las más famosas están el “Hombre de Hierro” y el “Hombre de Mármol”), el controversial Roman Polański (director de “El Pianista”, “Macbeth”, “La Semilla Del Diablo” y “El Escritor”, entre muchas otras) y Krzysztof Kieslowski (director de la trilogía Tres Colores: “Azul”, “Blanco” y “Rojo”, el “Decálogo” y “La Doble Vida de Verónica”, por nombrar algunas). Si quieren empezar a conocer más sobre cine polaco, con algo más reciente les recomiendo la película “Ida” de Pawel Pawlikowski, la cual ganó el Oscar a mejor película de habla extranjera y a mejor fotografía en 2014. Si les gusta el arte tanto como a mí, de verdad no pierdan la oportunidad de disfrutar un concierto, una obra de teatro y/o una película polaca (Si quieres saber más del cine polaco puedes revisar este artículo en inglés).  Si les gusta la poesía, los polacos también tienen mucho que ofrecer en este campo. La manera como entregan el mensaje es espectacular, porque lo hacen rodeado de belleza, con pocas palabras, con emoción, así pues con arte puro.

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Castillos reales de Corea: un paseo por el Palacio de Gyeonbokgung

Entrada Principal Palacio de Gyeonbokgung

Aún recuerdo como si fuera ayer el primer palacio al que entré. Por supuesto, fue en Europa pero no en Versalles sino el Palacio de verano de Federico el Grande, Rey de Prusia. Este palacio queda en Alemania, cerca de Berlín en la famosa Potsdam y su nombre es Sanssouci, lo que se traduce del francés:“sin preocupaciones”. El palacio era pequeño pero hermoso, decorado con muy buen gusto sin sobrecargarlo demasiado. Ese primer castillo, sin saberlo, se convertiría en la regla con la que mediría todos los demás palacios que he visitado después. Lo que no sabía en ese entonces tampoco, es que iba a ver un Palacio en la Península de Corea años más tarde y que no se parecería a nada que haya visto antes.

Como les había contado previamente, Seúl para mí fue la primera vez de muchas cosas, la más importante primera vez de ese viaje, es que sería la primera vez que recorría una ciudad yo sola. El primer castillo que quise conocer en Seúl fue el Palacio Changdeokgug que sirvió también como residencia real en ciertos periodos. Pero el destino o mejor dicho mi sentido de orientación no me permitió llegar. Seúl es bastante navegable como les había mencionado, gracias a su metro. Pero claro el metro no te lleva siempre exactamente hasta la puerta de las atracciones, hay que caminar y para mi suerte fui al final del otoño y el frío me acechaba. Caminé y caminé, con un mapa que me dieron en el hotel que ya estaba  mojado y mal doblado (saben cuándo después de abrir completamente un mapa plegable pareciera que volverlo a doblar de forma correcta es imposible, bueno a mí me pasa siempre). Me salí tanto del área turística, que ya los nombres de las calles no estaban en abecedario latino sino en Hangul, los caracteres coreanos del abecedario, lo que por supuesto hizo más difícil mi búsqueda. Después de dos horas caminando, buscado referencias, pidiendo ayuda a los transeúntes sin que lamentablemente me pudieran ayudar aunque lo intentaron, unos dólares gastados en té en tiendas donde me metía para calentarme y usar el wifi, no lo encontré. Me di por vencida y busqué el metro de regreso al hotel.

Articulo Relacionado: “Descubriendo Seul”

Al día siguiente me informé mejor y me fui a conocer otros castillos, era mi penúltimo día y decidí no volver al Palacio de Changdeokgug. Para evitar el episodio del día anterior, preferí irme al Palacio de Gyeongbokgung que es el complejo real más grande, y casi como si lo hubiera planificado, dejé lo mejor para el final y este Palacio se convirtió en mi lugar preferido en toda Seúl.

Este Palacio fue el complejo real principal de la última dinastía de Corea, la Dinastía Joseon que estuvo al mando desde 1392 hasta 1910. El complejo fue construido en 1394, a partir de ahí sufrió modificaciones, ampliaciones, incendios y reconstrucciones durante los cinco siglos de historia. En su última modificación, donde vio su máximo esplendor, el palacio contaba en total con 330 edificios y 5,792 habitaciones. Los edificios son de madera, por eso su sensibilidad a los incendios. Recorrerlo es sumamente agradable, el día que fui hacía mucho sol así que no me tuve que preocupar por el frío, tomé mi audio guía y lo recorrí completo dejándome llevar por historias totalmente desconocidas para mí.

Cada edificio tenía una finalidad, donde se reunía el rey con sus ministros, los dormitorios de los reyes, ya que  cada uno tenía su propio edificio y dormían separados, el edificio de las consortes del rey, que si tenían problemas entre ellas o con el rey, la reina era la que mediaba. Una costumbre un poco rara hoy en día cuando la monogamia es la norma. También había un instituto de ciencias, el edificio donde el rey recibía clases diarias para entender los cambios climáticos, otras ciencias y el confucionismo, que fue introducido por ésta dinastía en Corea, alejando la práctica previa del Budismo. Lo más bello para mi sin duda eran los techos, con sus esquinas un tanto puntiagudas, más las pinturas en los mismos, con un delicado trabajo para darle vida a las formas, que resaltaban por sus brillantes colores. No se podía entrar a los edificios, pero muchos podían verse muy bien desde afuera por sus amplias puertas y ventanas, donde también se podían observar los muebles, todos con ese estilo asiático cliché que vemos siempre, mesas muy bajitas que solo permiten sentarse en piso. La arquitectura es completamente diferente de lo que había podido apreciar en otro lugar del mundo, claro cabe destacar que Corea ha sido el único país de Asia continental que he conocido hasta ahora.

Articulo relacionado “Ficha: Corea”

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Beirut, 5 días llenos de sorpresas!

Vista de la Mezquita Mohamed al-Amin y de la Plaza del Reloj desde una calle en el Centro
Vista de la Mezquita Mohamed al-Amin y de la Plaza del Reloj desde una calle en el Centro

Por Inés Hernández

Mientras recordaba algunos momentos de mi maravilloso viaje al Líbano, me detuve a leer las entradas de este blog y entendí porqué surgió la idea de compartir mis experiencias por este medio, y es que una de mis pasiones al viajar, es conocer sobre las bondades y realidades de los lugares que visito, cómo vive su gente, sus costumbres y cultura, es así como desde hace seis años me encuentro en un desarrollo peregrino tratando de descubrir todos los rincones de este maravilloso mundo.

Medio Oriente siempre me ha atraído, quizás porque desde pequeña he estado en contacto con la cultura árabe, debido a su influencia en Venezuela producto de las grandes migraciones de libaneses, sirios, palestinos y marroquíes, que dejaron su huella con sus costumbres, bailes, religiones y en especial, con su comida. ¿Qué venezolano no ha disfrutado de un Shawarma, una ración de falafel o se ha degustado una crema de garbanzos o unos tabaquitos? Debo reconocer que quizá, siempre estuve más interesada en este tema que otros, por tanto me introduje un poco más en esta cultura. Una de las cosas más interesantes, es que los países del mundo árabe son tan similares y diversos como lo somos los Latinoamericanos entre sí, por lo que la cultura, comida, tradiciones e idioma varían un poco de país en país.

Las sorpresas en este viaje empezaron en la sala de espera del aeropuerto. Preparada para tomar el vuelo desde Roma a Beirut, recordaba comentarios sobre lo abierto que era el Líbano en comparación con otros países árabes, pero lo que no esperaba era encontrar en la sala de espera, libanesas que vistieran con vestidos pegados y cortos que de solo verlas me daba frío. En contraste, otras vestían tradicionalmente y se cubrían el cabello con el velo. Tenía un vuelo con muchas escalas y Beirut sería una de ellas, por lo que no revisé en que asiento me tocaba y justo antes de abordar me di cuenta que tenía el 28C. Cansada y con ganas de dormir, pensé que el vuelo estaba lleno y que me tocaría “en la cocina” como decimos los venezolanos. Una vez  que abordé el avión, descubrí que las filas empezaban por el número 30 y terminaban en el 1 por lo que estaba en la tercera fila, sabía que se leía y escribía al contrario de occidente pero ¿Numerar de atrás para delante? no me lo esperaba. Un lindo atardecer nos acompañó durante el vuelo, mientras nos acercábamos al destino se ponía la noche. Al anunciar que nos preparáramos para el aterrizaje, yo no entendía nada, no veía luces por la ventana, no había nada, todo estaba negro y me preguntaba ¿Dónde está el aeropuerto? Unos quince minutos más tarde apareció, ahí estaba con muchas luces una Ciudad lindísima, resulta que sobrevolábamos el mediterráneo y por eso no se veía nada hasta que allí de la nada como “un gran nacimiento” estaba Beirut.

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Los venezolanos necesitamos visa para entrar al Líbano, es un mero trámite que realizas al llegar pero toma algunos minutos, los cuales me sirvieron para maravillarme con el aspecto de las personas, y es que siempre he pensado -me disculpan los que no estén de acuerdo-, que los árabes hombres y mujeres poseen rasgos muy atractivos en especial los ojos, y bueno tal como lo pensé era así. Unos minutos más tarde una muy querida amiga me dio la bienvenida en su país y así empezó la aventura. Cinco noches en Beirut y mucho por descubrir. Sigue leyendo

20 museos y exposiciones parisinos para este verano

Hace poco en nuestras redes, les hablemos de la noche europea de los museos. Yo lamenté no estar en París en este momento porque en los 3 años que viví allá, visitar los museos de la capital y sus exposiciones temporales fue algo esencial en mi desarrollo personal. Además  que siendo menor de 26 años de edad y ciudadana de la Unión Europea no me tocaba pagar nada para eso. Fueron tantas las visitas, que rellené un cuaderno de imagenes, postales, leaflets, tickets, etc … en relación con estas exposiciones. Lamento no  tenerlo conmigo para contarles más sobre mis memorias

-> En mi primer artículo sobre París, les cuento más sobre lo que más disfruté viviendo en Paris.

Ahora que estoy ayudando a los amigos estadounidenses del museo de Orsay en recaudar fondos en EEUU, comprobé que el apego a la cultura francesa también se comparte en el extranjero y ya que este verano voy a estar en Paris pensé que una bucket list de las exposiciones parisinas temporales me podría servir así como a ustedes 😉

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Los 5 sitios para encontrar los restos del Muro de Berlín

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los 5 sitios para encontrar restos del Muro de Berlín

Berlín es una de mis ciudades favoritas en el mundo, está en mi top 5 desde la primera vez que la visite. Es una ciudad donde la modernidad y la tecnología, se unen con años de historia y sucesos que definieron el mundo como lo conocemos hoy. Berlín es una ciudad vibrante, activa, verde, grande y súper entretenida. Hay mucho que hacer, que ver, que descubrir y aprender. Aunque he ido dos veces, quiero enloquecidamente volver porque un par de semanas no son suficientes para recorrer esta hermosa ciudad.

Hay mucho que quisiera contarles sobre Berlín, pero hoy me voy a enfocar en hablarles sobre el Muro de Berlín,  apropósito del cumplimiento del 25° aniversario desde su caída, el día de hoy. Sigue leyendo