La impasible Paz. Bolivia-Crónicas del altiplano

Cholitas en Copacabana
Cholitas en Copacabana

En junio del 2014 pase por Bolivia  unos días, el primer encuentro con la bolivianidad fue el temido “mal de páramo” o el malestar producido por la altura. Pues apenas aterrizó el avión, me levanté entusiasta porque el vuelo fue largo y era de madrugada. Con ese salto desde el asiento, pude sentir el corazón acelerado y cómo mis pulmones para adaptarse estaban trabajando rapidito. Pero lo que pudo parecer un leve ataque de asma no duró ni 3 minutos, se paso con unos cuantos respiros profundos. Luego me ofrecieron una pastilla y hasta allí quedó el asunto del mal de páramo. Los otros días si se me ocurría subir escaleras corriendo, pues mis pulmones me recordaban rápidamente que la disponibilidad de oxígeno no era la misma, a través de la dificultad para respirar y las estrellitas en mis ojos. Entonces me olvidaba de correr, respiraba profundo y listo.

Llegué a la Paz, a la mal querida. La llamo así porque de mis amigos que han viajado a Bolivia, todos me recomendaron no pasar mucho tiempo ahí, ya que lo bello de Bolivia estaba fuera de la ciudad, me pareció entonces las descripciones de Caracas, la malquerida. A la salida del aeropuerto del Alto, se pueden ver casas sencillas de ladrillos, con antenas de televisión por satélite en algunas, instaladas en un cerro, lo que me comprobó el paralelismo con Caracas. Estas lomas con casitas pequeñas y sencillas, no son tan extensos como los barrios de Caracas o las favelas de Brasil y no puedo decir si son peligrosos o no. Luego de pasar estas montañas con casas, ya propiamente en la Paz, encontrarán otras montañas de tierra roja. Que bien podrían compararse con las fotos de las montañas de Marte, tomadas por el vehículo explorador Curiosity.

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