Bon voyage: el uso y desuso de las postales

Hace poco recibí una tarjeta postal de una amiga que me había visitado en Nueva York y conocía mi dirección de correo. Ella estaba viajando por Perú y me dio mucho gusto recibir este mensaje personal e imprevisto  en vez de solo ver sus fotos en Facebook como cualquiera de sus amigos. Así que añadí su tarjeta a las que me mandó mi papa cuando fue a la Guyana francesa por el trabajo. En mi familia guardamos el hábito de mandar postales cada vez que viajamos pero hacía mucho que no recibía una postal de un amigo. Desde niña me encanta escribir y recibir postales y lamento que hoy en día ya nadie hace el esfuerzo aunque la gente está viajando más.

Postal, sobre y sello de la Guyana francesa
Postal, sobre y sello de la Guyana francesa

Gracias a las bondades de la tecnología, enseñamos fotos directo por email o mensaje, las compartimos por redes sociales y perdimos el gusto de contar nuestros viajes por escrito.

Una buena razón para seguir escribiendo postales, es que nuestros amigos y familiares pueden leer y releer estas historias cuando gusten. También pueden ser muy bonitas y embellecer nuestra casa.

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